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La Coctelera

Jarutaco (Gáldar-GRAN CANARIA)

Coctelera informativa. "Internet es el medio de información que más crece, restándole tiempo de audiencia a la TV"

9 Mayo 2011

El Tablero de Maspalomas: Carmen Cabrera pregonó las Fiestas de la Stma. Trinidad

* La pregonera es natural de Gáldar, siendo pregonera de las Fiestas del Carmen en Nido Cuervo (donde se le conoce por Carmensa), y vive hace 30 años en el sur grancanario (le llaman Mary Carmen)

 

- Reseña biográfica 

Carmen Cabrera Pérez  nace en Gáldar en noviembre de 1961 y vive en Nido Cuervo con su familia hasta que se traslada al Tablero de Maspalomas en febrero de 1981 donde nacen sus dos hijas y donde establece su residencia hasta la actualidad.

Formación Humanista: Técnica Superior en Integración Social; Técnica en Escucha Activa; Monitora de Talleres de Escritura Creativo-Terapéutica. Locutora de Radio y Televisión. Escritora y Poeta por afición y convicción.

Durante varios años trabajó y colaboró como locutora y redactora en Radio Dunas, Emisora Municipal de San Bartolomé de Tirajana. Dirigió distintos programas como: La agenda cultural, programas solidarios, debates y entrevistas y ejerciendo trabajos como reportera de exteriores.

Comienza a participar en la vida cultural y social de San Bartolomé de Tirajana, siendo en marzo del 2002 cuando, con motivo del Día Internacional de La Mujer, presenta su primera novela: "Desde el Silencio de la Noche", en El Centro Cultural Maspalomas. Libro que presenta también en Gáldar en el Teatro Guaires.

 Antes de esto se le conocen algunos monólogos, artículos y poemas  publicados en algunas revistas e interpretados en distintos actos de distintos municipios.

Actualmente desarrolla una intensa actividad relacionada con la escucha activa y la relación de ayuda: tanto individual como en grupo.

 

Texto íntegro del Pregón:

 

 

 

Buenas noches a todas y todos.

Antes de dar comienzo al pregón, si me lo permiten y sin ningún afán de soltar un discurso moralista y, teniendo en cuenta que estamos en año y mes electoral, me gustaría aprovechar  ‒‹‹como una ciudadana cualquiera››, en palabras de Facundo Cabral‒, este marco que me da presencia y voz, para contar al mundo, lo  que de la política pensamos, vivimos y sentimos algunas personas. Y pensamos, vivimos y sentimos la decepción, el descontento, la desilusión... y vivimos la desesperanza y el deseo de que las cosas comiencen a ser distintas.

Veo  -con una  mirada muy  personal‒,  que  hacer  política  no  es una  profesión o ‒ mejor, corrijo‒, según se ajusta mi cordura, no correspondería serlo. A la política le tocaría palpar una actitud vocacional de voluntariado.

Puede que aprecien mi ingenuidad al advertir esto. Aún y a riesgo de que así sea, es exactamente,  como lo concibo y como lo sugiero. Y quiero creer en esto porque, verbalizándolo, pongo de relieve el impulso; la sensación y la verdad que me llega desde adentro alcanzando la superficie. Y, porque creyendo en ello, puedo proyectarlo hacia fuera y ‒entiendo‒, que a la vez,  puede no sólo imaginarse, sino que puede llegar a ser creado. La política es, como decía, un voluntariado para el que se escoge a un grupo de personas ‒que se presentan de forma voluntaria‒ con el fin de administrar los bienes comunes. Por ello es remunerado. Y con ello advienen algunos privilegios. Cierto es que también requiere de mucha dedicación. Quizá por eso lo deduzco como una entrega altruista que requiere perseverancia y una condición comprometida; comprometida de forma sensata y responsable. Esta tarea suplica desembolso, ofrecimiento generoso, que favorece a aquellos por y para los que  se realiza dicha labor.

Y es la donación de nuestra confianza para gestionar nuestros dineros. Para gestionar nuestros intereses. Y, en ocasiones pareciera, que tal acción se convirtiera en una carrera personal; una carrera de fondo para conseguir el primer puesto,  y quizás, para ver quien logra mantenerlo por más cosecha. Desde este enfoque entiendo que esto no puede llegar a tornarse en un asunto personal  -de cada cual como individuo‒, sino en un proyecto de la ciudadanía en su conjunto y de la de San Bartolomé de Tirajana en particular.

El hecho de que confiemos, o que intentemos hacerlo, significa que el trabajo reembolsado, necesita garantizar un fondo honesto ataviado de humildad. ‹‹No pretendo juzgar al hombre; al hombre quiero contar›› y me compruebo en estas mismas palabras de Facundo Cabral. Porque, como él, no quiero juzgar. Sino que quiero contar que precisamos reflexionar sobre este asunto para poder conquistar resultados más provechosos. Y, porque entiendo, que la política tiene mucho que ver con un trabajo social.

Y también, por supuesto, como un trabajo comunitario. Y comunitario significa "del conjunto"; "del colectivo": "de la común unidad". Por lo tanto obliga a la vinculación de todas sus partes. Y, es en esto, donde aparece no sólo el derecho de la ciudadanía, sino el deber de alianza de  los que conformamos dicha organización para que  nuestra "empresa" marche: no sólo exigiendo que sean perfectamente administrados nuestros bienes, sino también implicándonos en el cuidado y el mimo; en la responsabilidad que nuestra estructura demanda en todos sus campos con la misma actitud comprometida que se reclama. No creo que podamos ni debamos exigir sin la implicación ineludible que conlleva aquello que nos corresponde. Estoy convencida de que tenemos el poder para crear un nuevo significado. Hagámoslo. Juntos.

‹‹Porque uno no vive solo ‒sigue contando Cabral‒ y lo que a uno le pasa le está sucediendo al mundo, única razón y causa››

Espero que ninguna persona, aquí presente, se tome a mal esta introducción ajena a lo que nos mantiene reunidos hoy. Sentía que me lo debía a mí misma, a mis hijas y a todas y todos los jóvenes que hoy son el presente de San Bartolomé y, que sin duda, serán nuestros futuros representantes  políticos.  

Sin más, pondré toda mi atención en cumplir con el compromiso y la responsabilidad que esta noche me hace estar y encontrarme con ustedes. 

Estoy segura de que la mayoría de ustedes se estará preguntando: ¿Qué hace una cebollera pregonando en Tirajana?  Y tiene razón la pregunta. La verdad que yo tampoco salgo de mi asombro. Aún y con todo, pienso pregonarles. 

Antes, quiero decirles que es todo un privilegio del que me siento muy honrada: no es un simple placer, sino todo un honor poder poner en la palabra, en mi palabra, mi profunda gratitud por la confianza depositada para ser la pregonera de las fiestas de este año en Honor a la Santísima Trinidad de El Tablero. 

No voy a darles datos históricos de este lugar porque, es bastante probable que ustedes los conozcan mejor que yo, y porque otros, ya los han contado con mucho mayor  rigor con el que yo pueda hacerlo. 

Les confieso que estoy muerta de miedo: temo defraudarles, a pesar de que he puesto y dedicado muchas horas para que esto no suceda. Mis esfuerzos han estado centrados, sobre todo, en realizar algo ameno entregando lo mejor de mí. Así que deseo que sea del agrado de los presentes, y que lo disfruten como yo lo he disfrutado mientras lo trabajaba y le iba dando carácter. 

Comunicar permite dar forma a la energía que somos; a la energía que soy. El cuerpo junto con el lenguaje permite que esa energía salga, se expanda y llegue a cada persona dispuesta a acoger tal comunicación. Y es por esto por lo que surge la necesidad de anunciar todo aquello que aflora de la intimidad más profunda. Y es mi propia voz la que trata de llegar hasta ti con la simpleza y el sosiego de mi vivir.

Es mi intención esta noche, que mi necesidad de expresar y comunicar lo que he podido vivir y sentir en relación a El Tablero, a sus fiestas y sus gentes, puedan ir al cobijo de los que hoy se hallan aquí y escuchan. Ir al encuentro no es sólo que oigan lo que digo, sino que lo escuchen. Y escuchar tiene más que ver con el corazón que con el oído.

Deseo que este pregón llegue a tocar el corazón de cada uno y cada una de ustedes, aunque esto pueda parecer pretensioso por mi parte. Ya les digo, si lo piensan, que no es así. No es pretensión: es la ilusión de querer regalarles con el milagro de las  palabras, que también salen del corazón, las vivencias de una mujer que se ha sentido acogida en un lugar que desconocía y que la desconocía.

Entre las distintas entradas que da el diccionario de la RAE al término Pregón, he preferido fijarme en las dos siguientes: en la primera dice que Pregonar es publicar, hacer notorio en voz alta algo para que llegue a conocimiento de todos. Y, en la segunda..., apunta que Pregonar es alabar los hechos, virtudes o cualidades de alguien o algo.

Así pues, si bien no todo ha sido ni es perfecto, pretendo desde mi mirada, hacer notorias en voz alta y clara, las virtudes y cualidades de este pueblo y de sus gentes. Porque, incluso aquellas personas que no han sido muy afables o leales conmigo y con mi familia...; incluso aquellas experiencias duras o dolorosas, me han ofrecido importantes aprendizajes que me han servido para hacerme más fuerte, más sensible y más humana. 

Nací en Gáldar (por eso lo de cebollera- a la gente de Gáldar se las llama así- y yo siempre le añado: "a mucha honra", porque me siento muy orgullosa de ser galdense y cebollera). Como decía, nací en Gáldar el 6 de noviembre de 1961. Para que no saquen las cuentas, les diré que pronto cumpliré los 50. Una edad un tanto extraña: ni soy joven, ni soy vieja... ¿Qué soy?

Ustedes dirían: -una mujer madura-.

Y yo seguiría preguntando: ¿madura de qué?

-Madura de experiencias-,  podrían ustedes seguir contestando.

 Pero yo les aseguro que no y, además sin ganas de que sea así, porque deseo vivir mucho más para poder sentir pasar las experiencias por mis momentos... o los momentos por mi vivir. ¡Qué sé yo!

¿Por qué se viene una galdense, una cebollera, orgullosa de su lugar de origen a vivir a Maspalomas y al Tablero concretamente? ¿Por qué se viene una mujer de una tierra de cebollas a otra de tomates? Pues, como tantas mujeres, siguiendo a su marido. Y siguiendo la posibilidad de crear una familia y un futuro. 

Llegué al Tablero en febrero de 1981, después de que Paco, mi marido, comenzara a ir y venir durante 6 meses a su trabajo como autónomo del servicio técnico de Cervezas Tropical. Ya saben que, aunque tiene su empresa desde hace aproximadamente 14 años, aún hoy, muchas personas lo reconocen por "Paco Tropical". (Algunos y algunas, le llaman "Paco pa´llí")

La razón de establecernos en esta localidad, no fue otra que las posibilidades de alquileres más asequibles y que, además, las oficinas de Tropical se encontraban ubicadas en la zona.

Nos vinimos a vivir al edificio de Carmita, madre de Pilar y Marcial Franco, justo en lo alto de la carnicería Rosales: local antes  ocupado por el Número Uno.

El tercer piso derecha fue nuestro hogar durante dos años aproximadamente. Las primeras personas físicas que conocí, como pueden suponer, fue a Carmita y a Pilar. Ambas confiaron en nosotros y acogieron a Paco, principalmente, como persona de confianza para los pequeños trabajos en su propia casa y, también, para pequeños arreglos del edificio donde vivíamos.

El sur, hasta ese momento, había sido para mí lugar de excursión familiar. Conocí Maspalomas y las playas del Inglés y del Faro a través de esas expediciones. Cuando la familia de mi madre y algunos amigos de mi padre y sus familias se reunían para poder pagar un "Coche Pirata" que nos transportara hasta El Faro y nos esperara hasta la vuelta. En mi primera visita debía tener 4 ó 5 años;  tiempos aún en los que  era posible darse un baño en la Charca.

Con los años posteriores, el sur se tornó para mí..., no sé, en el recuerdo de un lugar árido con paisajes hermosos de dunas amarillas. Una arena rubia que se transformaba en pequeñas piedrecitas de oro cuando el fuerte sol las cubría. Estaba tan alejado y tan guardado en el recuerdo que jamás creí, que tantos años después,  pudiera establecerme en él para vivir. Sin embargo, desde ese mismo recuerdo que mantenía grabado de mi niñez y de aquellas esporádicas excursiones, notaba la ilusión que crecía muy adentro. Evocaba sus enormes playas y sus lugares exóticos que atraían el milagro y la sorpresa de la mirada inocente.

Y el mar que se apoderaba de mí con una pasión delirante, y que me devolvía, cual espejismo, la riqueza de sentirme libre. Pasión que despertó mi padre. Con él aprendí a nadar y a saborear la sal y el juego entre las olas. También a conocerlo y a respetarlo.

Sin embargo, cuando llegué la primera vez para ver el apartamento donde, Paco y yo, íbamos a crear nuestro hogar, debo confesar que El Tablero me pareció desolador, triste, desierto... Pero mi ilusión de estar con él podía más que mi primera percepción y me impuse crearme y creerme mi propio sueño: perfecto, por supuesto.

Y  llegué aquí y me encontré sola y desamparada. Recuerdo que me dije: ¡Dios mío a donde vine a parar!

 Plantaciones de tomateros casi por todas partes. Una nube de pequeños mosquitos, blancos y molestos invadían el espacio; y debía tener cuidado porque se me metían en la nariz sin que pudiera darme cuenta.

Una pequeña Iglesia, dos pequeños supermercados, alguna pequeña tienda de aquellas de "aceite y vinagre", la farmacia y poco más, conformaban el marco donde yo iba a crear mi futuro.

¡No podía ser! ¡No me lo podía creer!

Así que, cada mañana al despertarme, durante mis primeros largos meses de mi estancia aquí, me reconfortaba pensando que pronto volvería con los míos y que cuando volviera a salir a sus calles, nadie me dirigiría esas miradas interrogantes que apreciaba en este lugar y que decían: tú debes ser nueva por estos lugares. ¿Quién será esta? ¿De dónde vendrá?...

Así que, mientras fantaseaba con volver a MI CASA, a Gáldar,  llegaron las fiestas y con ellas mucha vida para un lugar que, como decía al principio, me pareció desértico. Y con ellas también llegaron las noches cálidas y los paseos alrededor de la plaza.

En esas primeras fiestas, asustada y avergonzada; tímida todavía, conocí a Agustín Zerpa (compañero de trabajo de Paco) y a Rita, su mujer (Tita para muchos de ustedes). Personas con las que pasé comidas de domingo y vasos colmados de helados para soportar el calor. A través de ellos, también conocí a Quela y Leoncio y a los hijos de ambos matrimonios a los que ayudé en sus tareas escolares.

En mi recuerdo aún se guarda la sorpresa de ver a la gente cada noche durante aquellas dos semanas. Las luces de las atracciones, la música estruendosa, la alegría, los corrillos de gentes conversando sentados en las pequeñas terrazas de algunos bares improvisados; el olor a aceite requemado de los churros de algún chiringo y las voces de algunos feriantes para que nos acercáramos a sus puestos. Y, en ese primer año, mis sueños fueron arrullados a ritmo de: Que linda la chochona, mira la chochona, bonita la chochona... (¡Qué pesadilla!)

El ahora llamado Autoservicio Fayna, lo conocí entonces como Autoservicio Martín. En él hacía mis pequeñas compras (las grandes las traía de Gáldar porque mi padre también tenía un autoservicio). Allí, con la familia Martín, tenía algunas conversaciones que me servían para distraerme  y también para darme a conocer. Quizá las primeras personas que conformaron lo que iba a ser mi red social, fueron: Nenita, Mary Paz, Pino, Pilar y Miguel. De este último tengo gratos recuerdos y  guardo un gran afecto. Son de esas personas que llegan de verdad. Al menos, así lo percibía entonces.

Y es ahora cuando llega a mi mente, en este recorrido de mi memoria, Ani Martín, mujer de la que no me quiero olvidar. Porque también me llega de verdad y me transmite humanidad; calorcito del bueno. De la que me llega un gran afecto que, además, devuelvo con gratitud.

Una de las cosas que me sorprendió mucho fue comprobar los distintos vocablos que se utilizaban para nombrar las mismas cosas que en mi pueblo. En una misma isla; en apenas hora y media de diferencia, en tan pocos kilómetros de un lugar a otro... a "jugar a las casitas", se le llamaba "jugar a las casillitas". "Al dinero", "los dineros". A "las plantas", "los matos". Esto fue sorprendente para mí. La razón es clara: apenas había salido de mi pueblo y de "Nido Cuervo", mi pequeño barrio, útero que me protegió y me protege; que me acarició y me sigue acariciando cada vez que regreso.

Las tardes largas de mis largos días tristes se empezaron a sosegar cuando comencé a comprar los hilos para mis labores de costura en la tienda de Maribel. Ella me abrió sus puertas y, entre hilvanes, punzadas de máquinas, niños correteando, mocos y pañales; tortillas de carnaval, queques y cafés, se siguió tejiendo mi red. Gracias a Maribel, mis tardes se acompañaron con Aurora, Inmaculada, Mary Nieves, Juana, Ani Bosa, Almudena... Ciertamente fueron tardes memorables. Con ellas pude empezar a reírme, a llorar y a contar mis penas y mis alegrías lejos de mi familia. De mi gran familia.

Con ellas también viví mis mejores momentos en relación a las fiestas. Compartía el chiringuito que cada año montaban y así sentí de cerca la alegría de las verbenas de amanecida que se unían a la diana floreada. Luego a casa sin dormir en toda la noche para la ducha, ponerse guapa y acercarnos a la misa de la pequeña pero acogedora iglesia. La procesión y la gran paella (acontecimiento conocido y visitado por muchas personas de distintos lugares de la isla), acababan con la primera parte del día grande. Vuelta a casa para descansar y volver para seguir disfrutando del encuentro y de la culminación. Aquellos eran tiempos de José Velez y de otros cantantes, artistas y humoristas famosos... que engalanaron el nombre de esta localidad.

También aquí tuve mi primer contacto con los días de bochorno, aire seco y caliente. Días en los que debía mojar un pañuelo para cubrirme la nariz y poder respirar al salir a la calle. Noches en las que tuve que humedecer toallas para cubrirme con ellas y conciliar el sueño. Así fue como llegó mi primera bronquitis sin que mamá estuviera cerca para cuidarme. Y fue duro; muy duro. Y es aquí donde...

‹‹Se detiene la mirada en un intento de saberme; de reconocerme con certeza. Y me descubro como una niña que quiere detener la mañana y saborearla a tientas. Escuchar la melodía de los cacharros en la cocina mientras mamá prepara el desayuno. Y  los sonidos se acercan juguetones: el exprimidor con la naranja, el clic de la tostadora, el gorgoteo del café besándose en el aire con el aroma del pan caliente...

¡Que se detengan las mañanas y me dejen en el calor de las sábanas hasta que me empache de esconderme en ellas! ¡No quiero que me encuentre el día!

Y entonces escucho los pasos serenos que vienen a buscarme. En medio del laberinto de mi cama, me busca una caricia viva, amorosa, caliente... Es su tacto suave el que me encuentra, aunque yo me resista jugando.

¡Mamá, que se detenga la mañana para seguir jugando!››

Me llega ahora la gentileza de dos personas significativas en los primeros años en este lugar: Antoñón y su hermana "Maximina". Ellos fueron puntos de referencia. Sabía que si ocurría algo; de noche o de día, podía recurrir a ellos. Algo me decía que podía confiar. Y, más tarde incluso, cuando nacieron mis hijas, fueron para ellas personas cercanas. Antoñón con sus bromas se ganó la confianza de ambas.

Es la memoria, mientras escribía, la que me revela las tardes que, sin saber a dónde ir, me paseaba por las orillas de los tomateros cercanos al colegio Pepe Monagas, justo donde hoy está mi casa. Solía ir arrancando algún tomate "pintoncito" para comerlo acompañando mi pequeño recorrido. Fue por ahí, por esa zona, donde conocí a Juanita y a Maximino. Figuras entrañables con las que llegué a tener una relación cargada de generosidad. Aún hoy, cuando veo a Juanita, me asaltan esos recuerdos y siento que  conservo un abrigado cariño. Seguro que ellos no sabían nada de lo que significa la empatía y, sin embargo, eso es exactamente lo que me entregaron: el afecto de la palabra, del gesto, de la mirada, de la simpleza, de la templanza...

Sin que me diera cuenta, transcurrieron los años y nacieron mis hijas. Ya para entonces me había mudado a la calle Luján Pérez (en aquellos tiempos, prolongación de la calle Venezuela), cerca del 99 donde, por cierto, trabajé unos cuantos años. Y así, también  Paca, Tata, Pino, Lala..., entraron a formar parte de mi vida. En esta época Manolo y Yaya, comenzaron a unirse a esa red que me permitía encontrar alguna tarde de charla y de café.

Al trasladarme, conocí a Mary y a Arco, y a sus hijos; compañeros de juegos, y cuidadores, a pequeños ratitos, de mis hijas, más pequeñas que ellos. En Mary descubrí a la hermana mayor en la que descansar mis angustias cuando mis hijas enfermaban. Ella tenía más experiencia y me concedía la tranquilidad que, lejos de mi familia, podía encontrar.   

Desde esta plácida y mágica noche abrazo calurosamente a Carmencita (hermana de Mary) y a Cristi ‒su hija‒. Un día Cristi, al entrar al lugar donde trabaja y dar los buenos días, me dijo, con su vocecita tan peculiar: ‹‹Ay Mary, cuando entras por esa puerta parece que lo iluminas todo›› Me sorprendió que me dijera aquello y se lo agradecí. Lo que ella quizá no sepa es que la luz que vio en mí, era su propio resplandor. Ese resplandor que se cristaliza entre tanto frio número y operación bancaria. Se dan cuenta que nuestro afecto es mutuo, ¿verdad?

Esos años fueron duros. Años donde la soledad se iba dilatando. Donde la posibilidad de volver a Gáldar cada vez estaba más lejos: incluso de mis sueños. Años ásperos en los que el dinero casi no alcanzaba y donde, mientras mis ilusiones estaban cerca de mi familia, Paco proyectaba, trabajando a todas horas, comprar un solar y  fabricar la casa que siempre había visionado; donde además pudiera crear su propio negocio, y que finalmente consiguió ganándose la confianza de muchos de ustedes. Hacia él se despierta un profundo respeto; admiración y amor...

Algunos años más tarde, las fiestas pasaron a formar parte más de mis hijas que de mí. Tardes de juegos que me devolvían la alegría de una infancia lejana: carrera de cintas en bicicleta, carreras de saco, chocolatadas, el teje, saltos en la soga...Tardes en que los juegos tradicionales tomaban la plaza y los pequeños, con las miradas no demasiado contaminadas aún, pasaban a ser protagonistas exclusivos entre las atracciones infantiles y dichos juegos.

Si echo la vista atrás, aprecio en esas miradas inocentes la posibilidad para seguir descubriendo como si todo fuera nuevo, renovado; capaz de sorprendernos. Disfrutando y viviendo el momento.

Tardes también en las que, gracias a mis hijas, fui conociendo otras madres que, con sus hijos se acercaban al lugar. Y otras noches de fiesta en que mis sueños fueron sacudidos por: En una tribu comanche hau, hau, hau... (¡peor pesadilla aún que la de la chochona!)

Fue en estos momentos en los que  conocí a Olga y Tino, Elisa y Diego,  Paca y Fefa, Loli, Juana Romano... Con ellos/as se formó un lazo importante que fue creciendo cuando nos unimos al AMPA del colegio; esperanzados por conseguir distintos objetivos necesarios y mejorar las condiciones de las instalaciones y del funcionamiento. Y fue también este momento cuando pasaron a formar parte, no sólo de mi red social sino de mi red de amistad, Pedro Mejías y Ana, a los que debo muchos agradecimientos y que, desde aquí quiero reconocerles el apoyo que siempre me acompaña.

Pero mi lucha comenzó en la guardería municipal, cuando una tarde volví a recoger a mi hija pequeña y me encontré que no estaban las cunas y que tenían a los bebés acostados sobre mantitas en el suelo. Al parecer, se las habían llevado a la guardería de San Fernando porque hacían falta. Me pareció tan surrealista la escena que, fue entonces cuando descubrí en mí a la Mary Carmen  luchadora, combativa: la que no quería seguir callada, la que había encontrado una razón para hacerse escuchar. Y, junto con un grupo de padres y madres, nos hicimos oír. Y volvieron las cunas y una inspección por los malos olores de los desagües del patio. Así se consolidaron también algunas de mis amistades perdurables hasta hoy.

Dentro de este marco de lucha por la consecución de mejoras, conocí  a Alejandra, persona a la que me une un gran afecto. En ella leo valores repletos de humanidad: valores que me parecen imprescindibles y que, gracias a mi padre, aprendí. Supo enseñármelos y me acompañan como si él aún estuviera presente en mi vivir porque, aunque no esté físicamente, le siento y le vivo grande.

A partir de esos momentos, mi vida en estos lugares, empezó a cambiar bastante. La Casa de la Cultura y Pino Martín Cedrés, me acogen no sólo para cubrir mis tardes de ocio sino, también, para el trabajo social y comunitario para el que no sabía que, finalmente, sería mi profesión, mi convicción y mi vocación. Gracias a esa implicación social y cultural, conocí también a Carmelo Pérez, Paqui, Mina,... Con especial cariño recuerdo a Flora y a Cita.

De los tiempos en mi segunda residencia, recuerdo tardes de chuches en la pequeña dulcería de Natita, zona en la que conocí a su hijo Pepe y a su mujer, que me acompañaron, junto con sus hijos y su hija, en rebozados momentos de playa; cumpleaños y paseos a los distintos parques de este municipio...

En esos tiempos, otros foráneos que, como yo, encontramos en El Tablero el refugio, también colorearon mis días: Susana (cebollera, amiga-hermana desde la adolescencia), Vicente y Fefa, Isabel y Pepe, Margot y Paco, Conchi... (Estos tres últimos ya no viven aquí).

Me doy cuenta que San Bartolomé de Tirajana, El Tablero y su ‹‹gente sencilla pero de corazón millonario›› ‒vuelvo a hacer mías las palabras de Facundo Cabral‒, han  ido filtrándose poco a poco a pesar de mis resistencias y mis deseos de volver a Casa. El dolor de sus desgracias, el enfado y la frustración por las cosas que no funcionan adecuadamente; la alegría y la satisfacción de aquellas bien hechas, el entusiasmo de conseguir un mejor vivir..., se han ido fijando tan adentro que no puedo más que decir que me siento tirajanera "a mucha honra". No en vano llevo aquí más años que los que he vivido en Gáldar; 30 exactamente.

Y me siento hoy, a caballo entre los dos lugares: ‹‹No soy de aquí ni soy de allá››, sino todo lo contrario. Mi vinculación con Gáldar es más que evidente porque toda mi familia sigue estando allí y también la de Paco. Sin embargo, como digo siempre, aquí he ido trenzando una gran familia a la que me siento muy unida. Mi lazo con este municipio y con El Tablero especialmente, lo reconozco claramente por ese dolor del que hablaba. El dolor que se cuela en mí cuando advierto que algo no va bien. Lo reconozco por esa frustración y esa irritación que me despierta aquello que veo y vivo injusto, deshonesto...Lo reconozco cuando me contagio con la alegría, el bienestar y la satisfacción de los logros y mejoras...

 Y el mar, tanto en un lugar como en el otro, siempre ligado a mi vivir: a mi vivir interno, que junto a mi vocación por la escritura, han acompañado mis soledades, mis alegrías, mis dolores, mis deseos, mis ilusiones...

Y cuando pienso en el mar pienso en las largas caminatas en las madrugadas durante varios años acompañada de Carmen Cabeza (Carmita para mí y para  muchos de ustedes). Mi gran compañera. La única capaz de estar a las seis de la mañana delante de mi casa para irnos a caminar a Playa del Inglés.

‹‹Y tomábamos la mañana tocando la arena fría con nuestros pies descalzos; con la noche oscura y estrellada como manto guardián de nuestras amanecidas. Dirección Faro primero, para a la vuelta, comenzar a ver la salida del sol a nuestro paso. Y ese sol inmenso asomaba en un cielo claro, como queriéndose beber toda el agua del océano. Parecía ir escalando el firmamento, casi a la par que nuestro andar, hasta llegar a coronarlo. Largas confesiones durante largos años de compañía. De una compañía tierna, cariñosa, afable...Largas caminatas con la madre, con la amiga, con la compañera entrañable de mis mañanas. De unas mañanas que extraño mucho y que hubiera deseado mantener durante más tiempo. Mañanas en las que sintiendo el palpitar de nuestros corazones y el latir de nuestras venas, podíamos refrescar en un mar salado que se brindaba entero para nosotras solas. Un mar reposado, luminoso, que acogía dos cuerpos y dos almas para llevarlas a la libertad de movimiento, a la flojedad y al alivio hasta rozar la plenitud...›› ¡Cuánto la echo de menos!

Y a este párrafo entrañable quiero añadir el enorme afecto que tengo a Sandra, a Lola y Justo, con los que me he reído mucho y pasado muy gratos momentos.

Mi paso por la Radio Municipal, Radio Dunas, me proporcionó oportunidades desconocidas hasta esos momentos. No sólo como locutora, sino como redactora y reportera de exteriores; además de conocer personas destacadas de este municipio con las que, hoy todavía, guardo amistades y afectos. Esta labor apasionante me regaló la oportunidad de ser, de alguna manera, corresponsal de las informaciones más destacadas y relevantes del Tablero; como el de la colocación de la primera piedra para la nueva iglesia, y presentar al resto de los lugareños de San Bartolomé de Tirajana, trabajos interesantes que se comenzaron a realizar dentro del Colegio Pepe Monagas gracias a una persona, desagraciadamente desaparecida, y que ejerció durante varios años como director. Muchos de ustedes ya sabrán de quién hablo, claro: Hablo de Laudencio. Una de esas personas que la vida ha puesto en mi camino y que ha merecido la pena conocer.

Al pasar los años, estas fiestas y este pueblo se han ido conformando con acontecimientos destacados como La Romería, que cada vez alcanza mayor importancia con su reclamo popular; acontecimientos entrañables como el encuentro de Solistas Juan Gil y la Feria de la Zafra que se van consolidando año tras año cogiendo fuerza para establecerse y sentirlos muy nuestros. (¿Han visto?, digo nuestros, porque aunque soy hija adoptiva, he ido encontrando el calorcito y la dulzura de esta tierra que me asiste y que, por tanto, considero mía también).

Les decía que la Feria de la Zafra y el encuentro de Solistas Juan Gil, son caricias apreciadas que se solidifican en este pago. Y hago mención a ellos porque tuve la gran oportunidad que en el año 2003, con motivo de dicha Feria, me confiaran la realización de dos homenajes: el de Juan Gil y el de Rufino León. La verdad que la responsabilidad me sobrecogió. Pero, como dice una gran amiga, las responsabilidades son oportunidades. Esto no lo sabía entonces, pero es cierto: fue una gran oportunidad conocer a estas dos grandes familias. Especialmente a Carmen y a Rita, esposas de los homenajeados y que ustedes conocen sobradamente.

Durante dos semanas, pude conversar y entrevistar a familiares, amigos, compañeros, vecinos...; para conformar, en pocos folios, la trayectoria de la vida de ambos. Dos personas que dejaron huella y que marcaron, con su vivir, parte de la historia de este lugar. Fue la gran oportunidad de acercarme, de conocer en profundidad, dos personalidades bien diferenciadas. Fue adentrarme, con mucho respeto, en el mundo de dos familias a las que me sentí y me siento próxima. Una vez más quiero agradecerles la disponibilidad que siempre tuvieron para que, a pesar del dolor de las ausencias, pudieran, entre lágrimas, risas y miradas de satisfacción y orgullo, confiarme anécdotas y vivencias destacadas.

Ahora creo que es momento de tener presente a mis vecinos: Pilar y Domingo. Cuando ya establecí mi hogar definitivo en la casa en la que hoy vivo, ambos estuvieron atentos a Paco y a mis hijas en distintas ocasiones: cuando debía ausentarme varios días por la enfermedad de mi padre. También acompañando a mi familia en su fallecimiento    ‒muchas gentes nos arroparon, a pesar de la distancia, en esos duros momentos‒. Siempre supe y sé que son personas con las que puedo contar y, es por ello, por lo que quiero destacarlo. Con ellos pasé mañanas de asaderos en la finca de Rogelia y algunas tardes de playa. Y otras especialmente recordadas por mis hijas: ¿Te acuerdas mami cuando pasábamos las tardes en el garaje de Pili haciendo bollos? Sí, claro que me acuerdo.

Como dije al principio de este pregón, quiero hacer notorias en voz alta y clara, las virtudes y cualidades de este pueblo y de sus gentes. Y, por tanto, quiero dejar constancia del acompañamiento que con el calor de sus miradas y sus abrazos hicieron que el día en el que presenté mi primer libro en el Centro Cultural Maspalomas, me sintiera tan íntimamente querida.

Hoy ya nada es como cuando llegué. Ya no hay plantaciones de tomates. Las edificaciones sustituyen estas tierras de labranza. Gentes nuevas, de distintos lugares construyen sus moradas en este pueblo sureño. Pueblo  que se alza elegante y osado; que se rinde, y que se deja seducir por un horizonte de bordados crepúsculos. Pueblo que susurra fragancias arenosas; esencias, que desde los mares, se alzan al cielo embriagando el aire con olor a sales.

Pueblo que abraza a nuevos niños y niñas que comienzan aquí sus aventuras de vida, que comienzan a construirse como seres humanos. Y las fiestas propician el encuentro y la cohesión de estas nuevas generaciones, de estas nuevas familias. Hagamos de este lugar sus casas; ofreciéndoles la amabilidad, la frescura y la alegría de nuestro vecindario, con el fin de que puedan sentirse partes integrantes de tirajaneros y de tablereños (no sé si será así el gentilicio, pero me ha apetecido  ponerlo de esta manera). ‒Y, volviendo a poner en mi boca palabras de Facundo Cabral‒: ‹‹Nacemos para encontrarnos...La vida es el arte del encuentro››

Cuando me ofrecieron hacer el pregón de las Fiestas en Honor a la Santísima Trinidad, quise investigar qué encarna la Santísima Trinidad. Buscar otros significados diferentes a los conocidos hasta el momento. A pesar de mis esfuerzos, y de leer distintos documentos, ninguno me aportó nada novedoso; distinto de lo que ya sabía: Según la religión, la Santísima Trinidad es el misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Yo he querido acercar; hacer más terrenal este enfoque y, desde mi visión muy personal, digo: el hombre (cuando digo hombre me refiero al ser humano, sin connotaciones de ningún tipo), su sentir y su espiritualidad. Es decir: cuerpo, mente, espíritu; o, corazón, conocimiento y espiritualidad. De esta manera, la trinidad tiene que ver con la plenitud o la infinitud del ser humano. Con ese "equilibrio" tan buscado entre el cuerpo, la mente y el espíritu.  Es la unidad de la materia y del conocimiento que, en una comunión, puede alcanzar la divinidad. La divinidad como opción de AMOR.

Y esto es lo que hoy descubro, mañana puede ser otra cosa. Porque como ando siempre buscando... a saber cómo será la cosa.

‹‹De eternidad a eternidad, Tú eres Dios›› (dice el Salmo 90, versículo 2).

En la voz de Facundo Cabral: ‹‹El paraíso no está perdido sino olvidado››

Antes de terminar, quiero agradecer a la Comisión de Fiestas este ofrecimiento que me ha permitido hacer un particular y reconocido homenaje a la tierra que me ampara como hija adoptiva y, sobre todo, a sus gentes que han hecho posible que haya encontrado un lugar en el que me siento, no sólo aceptada, sino reconocida y, lo que es mejor aún, querida. Muchas gracias por esta oportunidad. Me siento repleta de gratitud.

Quiero agradecer también a mi padre, con quien aprendí a detectar los distintos sonidos de la honestidad y la humildad de corazón: a descubrirlos en cada ser humano.

A mi madre, que me enseñó a oler los aromas profundos de la ternura, la sensibilidad, la dulzura de las buenas palabras, el calor del contacto...

Ambos plantaron en mí todas estas semillas que han ido germinando y floreciendo a lo largo de todo mi camino y que he empezado también a ver y a reconocer en mis hijas de las que me siento especialmente orgullosa y que, junto con su padre, también plantamos, regamos y cuidamos para que dieran buenos frutos.

Tanto Paco como yo estamos convencidos de que no existe mejor legado ni fortuna para encontrar un vivir en cierta armonía y libertad.

A mis hermanas; compañeras, amigas y cómplices de mis vivires y sentires, y que junto con mis padres han ido forjando y fortaleciendo lo que hoy soy. 

 A todas las personas a las que doy en llamar mi familia del sur. Ellos y ellas saben quiénes son. Les agradezco infinitamente la compañía, la comprensión, la confianza y la paciencia.

Gracias a todas y cada una de las personas que hoy me acompañan en esta plaza ofreciéndome el calor y el cobijo para que los nervios aflojen;  para que se apacigüen y pueda sentirme en casa.

Así pues, las fiestas en Honor a la Santísima Trinidad de El Tablero, son motivo de encuentro y reencuentro; de cohesión, de alegría, de felicidad, de disfrute, de diversión y de respeto por todos y todas los que hacen posible que podamos disfrutarlas.

Nos esperan días de trabajo y diversión. Nos esperan días de distintos actos que  viviremos y disfrutaremos en el encuentro. Días que nos invitan a la recuperación de nuestras tradiciones y a la consolidación de las mismas. Días de risas y de vocación; de fe. Días, en definitiva de expansión; de dar y de recibir lo mejor de nosotras y nosotros mismos. Días de llenos y contentos que nos permitirán detener nuestras miradas en lo mejor de cada ser humano. Días para aflojarnos en estos duros momentos de resacados conflictos políticos y económicos. Días para vivir a lo grande. Para salir a la superficie y airearnos con las mañanas y las tardes soleadas que nos regala esta parte maravillosa de la isla. Para refrescarnos en las noches cálidas de lunas encantadas: a veces en cielos claros, y otras en cielos más oscuros, pero que en definitiva, conforman la realidad de nuestro paisaje. Noches de ilusiones de reinas: jóvenes y mayores.

Noches de verbenas y de folclore.

Juntos, podemos vivirlas regocijándonos, sintiéndonos orgullosos y orgullosas de lo que, cada año, vamos creando y  que sentimos tan nuestro.  ¡Es momento, pues, para el goce y el disfrute!

De algún lugar me copié algo que alguien dijo: no sé dónde ni cuándo, pero... me gustó y quise hacerlo mío. Y, aunque no pedí permiso, con ustedes quiero compartirlo. 

Dice así: "Dios nos respeta cuando trabajamos; y nos quiere cuando reímos".  Así que, ¡dejémonos querer!

¡Felices Fiestas! Gracias y buenas noches. 

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