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2 Junio 2010

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE SAN ANTONIO 2010, Villa de Moya.

 Por: José Manuel Balbuena Castellano      

" Ilustrísimo señor Alcalde, dignísimos concejales, señor cura párroco, y demás  autoridades, paisanos, vecinos y amigos: 

 

            Es para mí un gran honor haber recibido el encargo de convertirme este año en Pregonero Mayor  de esta Villa,  para anunciarles las Fiestas  de San Antonio de Padua, co-patrono, con la Virgen de la Candelaria, de esta parroquia. Por eso debo empezar agradeciendo a la Corporación Municipal, y en especial a su alcalde, que me hayan concedido tal consideración. 

Iniciaré la lectura, con el permiso de todos,  homenajeando a uno de los hijos más ilustres de esta Villa, o sea, el poeta Tomás Morales,  recitando algunos de sus versos.  

SERENATA 

 Un cantar enamorado 

 Vibra en la alegre floresta; 

 El parque en luna bañado 

 Está, esta noche, de fiesta. 

 Fiesta de orgullo y quimera 

 Que se celebra en honor 

 De ser esta la primera 

 Noche de la Primavera, 

 Tan buena para el amor... 

San Antonio de Padua es un santo casamentero. Ya lo dice incluso la famosa canción de la Zarzuela del maestro Moreno Torroba, cuyo título es "Luisa Fernanda". Los mozos y las mozas miran al altar solicitando que el amor verdadero llegue a su corazón. El santo, desde la feliz morada en la que se encuentra, sonríe y dice:

- Eso está hecho. 

         Para el humilde franciscano la palabra clave de su vida era el Amor, con mayúscula, pero otra clase de amor: el amor a la humanidad, el amor a las buenas obras, el amor a la vida, al Creador y a la naturaleza. Y ahí no puede él fallarnos, sobre todo en esta época que nos ha tocado vivir en la que ese Amor, con mayúsculas, es la clave para resolver parte de los problemas.  

Y en cuanto al poeta, también Tomás Morales pensaba en esa mágica palabra para inspirarse. Pero él lo veía desde otra óptica:

        Era el amor que mueve las fibras sensibles, el amor a su tierra. El amor a la amistad. El amor a la belleza.

Tomás Morales Castellano recurría a sus nostalgias, para expresar sus sentimientos y recuerdos juveniles acontecidos en la finca de sus parientes, en las Hoyas del Cavadero, en la parte alta del municipio de Moya: 

                                            CORTIJO DE PEDRALES 

  Cortijo de Pedrales, en lo alto de la sierra, 

  con sus paredes blancas y sus rojos tejados; 

  con el sol del otoño y el buen olor a tierra 

  húmeda, en el silencio de los campos regados... 

(Y termina el largo y hermoso poema con estos versos) 

  Primavera era el hada de sus juegos pueriles... 

  En la huerta sonaban los gritos infantiles 

  Que callaban, de pronto, bajo la tarde en paz; 

  Cuando una voz llegaba, serena y protectora,  

  Desde el balcón, donde una enlutada señora 

  Llamaba dulcemente: Guillermina... Tomás...        

           El poeta, cuyo nombre va íntimamente unido a este ubérrimo municipio y especialmente a la villa de Moya, no podía dejar de cantar al océano, que también baña nuestra costa, y por eso dedicó sus versos al Atlántico sonoro. Pero su inspiración fue mucho más allá. En su obra aparecen los artistas y escritores que le brindaron su amistad, los políticos que conocía o admiraba, los grandes acontecimientos, porque su mente y su pensamiento atravesaban los horizontes y las fronteras. Su sensibilidad se manifiesta en su creativo trabajo lírico, de una manera amplia e intensa. 

 SEMBLANZA DE SAN ANTONIO DE PADUA

        Como  realmente quien nos convoca aquí hoy es San Antonio, el santo patrón de esta villa,  voy a hacer un resumen de su biografía. Yo era uno de los que pensaba, teniendo en cuenta su nombre, que este humilde fraile era italiano. Pero al estudiar un poco más su biografía  comprobé que era portugués y que había nacido en Lisboa  el año 1195. Nada menos que 815 años nos separan de esas fechas.

En ocasiones, se da la vida de los santos como si su existencia hubiese transcurrido en una urna de cristal, aislados de la sociedad y de los acontecimientos de su época y de su entorno, sin contaminación alguna. Me permito,pues,  hacerles estas observaciones: 

San Antonio nació el mismo año que el que luego sería el papa Urbano IV, que, así de pronto, puede que no les diga nada, pero fue el que creó y nos dejó, como un legado que ha llegado hasta nuestros días, la festividad del Corpus Christi.

Por otra parte, en 1195, es decir, el año en el que vino al mundo nuestro santo, reinaba en Castilla el rey Alfonso VIII, que, justamente, ese mismo año sufrió una de las derrotas más severas de la reconquista española. Es decir, la batalla de Alarcos, cerca de la actual Ciudad Real, de la que no se recuperó la cristiandad hasta la de las Navas de Tolosa en 1212. 

El origen de San Antonio de Padua no era precisamente humilde. Su nombre de pila era Fernando Martim de Bulhoes e Taveira Azevedo y pertenecía a una aristocrática familia, descendiente, a su vez, de  Godofredo de Bouillon, el hombre que lideró la primera Cruzada. Por cierto, la casa familiar de San Antonio de Padua, situada en el barrio lisboeta de  Alfama, fue destruida por el terrible terremoto que asoló la capital portuguesa el 1 de noviembre de 1755,  día de Todos los Santos, ocasionando miles de muertos.

San Antonio falleció en la ciudad de Padua en 1231, a la temprana edad de 36 años, no sin antes pasar por muchas vicisitudes. Primero fue agustino y después,  en 1220, entró en la Orden Franciscana. Su vocación era dedicarse a las misiones y con tal motivo se desplazó a África donde  se vio aquejado de unas fiebres malignas que le obligaron  a embarcarse para España. Pero estaba visto que su destino era otro, porque se desató una tempestad que desvió el rumbo de su nave hacia  la isla de Sicilia. 

 

            Tuvo el honor de conocer personalmente al fundador de su Orden, San Francisco de Asís, aquel hombre extraordinario cuyo ideal era vocación de pobreza, y apostolado; pureza, desprendimiento y alegría total, y su familiaridad con la naturaleza. Francisco  de Asís le recomendó al futuro santo que estudiara Teología. Luego, se dedicó a la docencia en varias localidades de Francia e Italia, y destacó como brillante orador sagrado. Su inquietud espiritual le llevó a la fundación de hermandades y cofradías y fue, además, hombre de gobierno y escritor. Escribió tratados de mística y ascética y sus sermones fueron publicados. Su fama en vida, como hombre bueno y de talento, se extendió por toda Europa. Al año y medio de su fallecimiento en  Padua, le beatificaron.

 

Su culto fue muy pronto popular, pero no se generalizó sino a partir del siglo XV.

 

En Padua, o Padova, como le llaman los italianos, se levanta una basílica dedicada al santo portugués, y allí también se encuentra su tumba. Vemos, pues, que esta villa de Moya tiene como co-patrón a un santo de auténtico lujo al que se le atribuyen hechos milagrosos.  Es el  patrón contra naufragios, contra el hambre,  el patrón de los indios americanos, de los animales domésticos, de los ancianos, de los pescadores, de las cosechas, de la pérdida de objetos, de la pobreza, de las mujeres embarazadas, contra la esterilidad, y, por supuesto, patrón de Portugal, de Lisboa y de  Padua, así como de la ciudad de San Antonio de Tejas, que fue fundada en el siglo XVIII por una veintena de familias canarias, procedentes, en su mayoría de Lanzarote y Fuerteventura. 

 

Existen múltiples oraciones dedicadas a la invocación de San Antonio. Por curiosidad les voy a leer una de ellas, que encontré hace poco, y que dice así: 

         -"¡Oh bendito San Antonio! el más gentil de todos los santos, tu amor a Dios y tu caridad por sus criaturas te hicieron merecedor, cuando estabas aquí en la tierra, de poseer poderes milagrosos.  Los milagros esperaban tu palabra, que tú estabas siempre dispuesto a hablar por aquellos con problemas o ansiedades.

Animado por este pensamiento, te imploro obtengas para mí (y aquí se hace la petición que se requiere)

La respuesta a mi rezo puede que requiera un milagro, pero aún así, tú eres el santo de los milagros.

 ¡Oh gentil y querido santo, cuyo corazón siempre está lleno de compasión humana, susurra mi petición a los oídos del dulce Niño Jesús, a quien le gustaba estar en tus brazos, y por siempre tendrás la gratitud de mi corazón". 

UNA TIERRA DE VALORES 

        Ahora me centraré en el entorno, en la situación de esta villa, en los encantos y posibilidades de su municipio y en las virtudes de sus habitantes. Moya ha sido un lugar donde han nacido grandes emprendedores, destacados profesionales en diferentes ramas, personas creativas e imaginativas. Entre estos últimos figuran  Santiago Santana, o Juan Antonio de la Nuez..., por ejemplo, pero sé que hay un vivero de artistas esperando su oportunidad.

Moya es una villa donde proliferan las personas trabajadoras, tenaces y honestas, que no se acobardan ni se han acobardado nunca ante la adversidad.

Todos, o casi todos, estamos atravesando una dura crisis económica, pero al mismo tiempo una crisis de valores, donde parece que se sublima más lo superfluo y baladí que lo trascendental, la fe, la honradez, la ética, la lealtad, la compasión o la solidaridad. Dentro de esa inversión de términos y de confusión en la que vivimos, siempre hallaremos a nuestro lado a  buena gente,  que aprecia más los valores tradicionales que unas nuevas pautas que parece que nos desvían del buen camino y de la misión que cada cual tiene asignada en la Tierra. Un nuevo camino salpicado de hedonismo, de ambición y de falta de escrúpulos, que a nada bueno nos conducirá, si se persiste  en esa línea errónea. 

            Pienso que Moya tiene bastantes posibilidades para un desarrollo económico sostenible. Antaño fue una tierra de promisión donde abundaba el agua, la tierra fértil, las fincas productivas, donde primero hubo caña de azúcar, ingenios azucareros, donde también se prodigaban alimentos básicos: papas, cereales, frutas en las zonas de medianías y cumbres, y más tarde se produjo el fenómeno del cultivo del plátano con muchas hectáreas de terreno dedicadas a esta fruta. Incluso hasta sus aguas, hasta no hace mucho muy abundantes, son excelentes, y algunas tienen propiedades medicinales como la de Doramas, o la que fluye en Azuaje. 

 

          Pero alguien ha querido y quiere que nuestras islas dependan del exterior, y ha ido desapareciendo la agricultura, la ganadería, la pesca, que era la base del consumo interior. Los agricultores, los ganaderos se han aburrido porque a todo el mundo le gusta progresar, y no trabajar muchas horas bajo el sol, para que su esfuerzo no produzca rentabilidad, para que su labor no se valore, para que, en ocasiones, se les considere los parias de la tierra. Ha sido una de las grandes equivocaciones ocurridas en estas islas en los últimos años: la infravaloración del sector primario. 

 

Lo ideal sería  que esta tradición agrícola y ganadera se recuperara,  pero en mejores condiciones, recibiendo un precio justo, contando con el respaldo gubernamental, tanto nacional como autonómico, de los cabildos, de los ayuntamientos y de la propia población. A todos nos encanta consumir alimentos frescos y no metidos en frigoríficos durante mucho tiempo, donde pierden incluso el sabor.

De todas formas, aunque se recupere una parte de ese potencial económico, es además posible el desarrollo de otros recursos, de otras alternativas. Estamos en un municipio que tiene la particularidad de extenderse desde el nivel del mar, hasta una cota de 1.700 metros de altitud que se alcanza en el monte de los  Moriscos.  El municipio de Moya es un  territorio con zonas bien definidas y donde se guardan unos tesoros que empiezan a descubrirse.

Por un lado, está su gastronomía, con interesantes restaurantes, a lo largo y ancho de su municipio, que ofrecen productos de calidad, que satisfacen a los mejores "gourmets", y al mismo tiempo, dan salida a la reconocida repostería de Moya: bizcochos, suspiros, truchas, etc. o a sus sabrosos quesos de vaca, cabra u oveja, con denominación de origen, incluso, que en su mayoría proceden de la zona de Fontanales.

La propia naturaleza del municipio de Moya es otro recurso que hay que dar a conocer y ofrecer para que se le pueda extraer provecho, si se realiza con racionalidad y el máximo respeto. La villa se levanta, en buena parte, en una alargada loma que se balancea sobre sobrecogedores precipicios  que se asoman al profundo barranco, cubierto de cañaverales y profusos matorrales. Su moderna iglesia parece ser testigo también de ese impresionante paisaje, que se asemeja  al de esas  casas colgantes de Cuenca, o al admirable tajo de Ronda, de una belleza inigualable.

Barrancos  que se imprimen en la retina y en la mente del visitante para toda la vida, como el de Azuaje y otros que jalonan la geografía del municipio y que actúan, a veces, de frontera entre los pueblos cercanos como Guía, Firgas  o Valleseco.  Barranco Oscuro, Barranco del Laurel, Barranco del Pinar...

Un paisaje colmado de altas y retadoras montañas, de valles feraces, de recónditos lugares donde crece la laurisilva, representada, principalmente, en ese bosque de Los Tilos, relicto de la antigua selva de Doramas, un patrimonio natural que no podemos permitir que desaparezca.

Y abajo, en la costa donde el municipio se moja los pies, en el Pagador, en el Roque, en el Altillo, donde resuena el furioso oleaje en los días de mar de fondo, o nos regala la tranquilidad de las piscinas naturales para el baño o el ocio, muy cerca de donde se prepara un rico pescado o las más variadas viandas.

Un paisaje que invita a recorrer y conocer el municipio, a propios y extraños, especialmente a través de la creciente modalidad del senderismo, que yo una vez descubrí siendo un niño, porque me fascinaban esos valles, esas montañas y también las soledades donde daba rienda suelta a mi fantasía. De donde surgieron después los cuentos, los relatos, y los poemas que me he atrevido a publicar, porque en este aspecto soy bastante osado...

Un senderismo al que habrá que darle facilidades,  solicitando a la administración insular (porque me supongo que en estos momentos sería pedirle demasiado a las arcas municipales)  que habilite y mejore los antiguos caminos reales, los antiguos senderos, y, al mismo tiempo, que aparezcan bien señalizadas las rutas, que también deben figurar en los folletos turísticos del municipio, como una oferta más. Folletos que informen convenientemente, incluyendo a los vecinos de este municipio,  y a quienes tienen la gentileza de cruzar esos caminos, que mostrarán el conocimiento de un territorio entrañable y con grandes valores, a veces desconocidos.

Ya se sabe que no se puede amar lo que no se conoce, y que el amor de los moyenses a su tierra, y de todos los canarios y de quienes nos visitan, aumentaría si les invitásemos a realizar recorridos por esas renovadas sendas.    

         Un municipio al que se dote de áreas recreativas, (que ya tiene algunas como la Josefa o el Pirulero, en el Valle de Fontanales) tanto en su exigua pero bella costa, como en otros lugares de su territorio. Que tenga zonas de acampada, pero constituidas en las mejores condiciones posibles y estrictas normas, tanto municipales como de Medio Ambiente, donde se observen el orden, la vigilancia, la seguridad, la conservación y el respeto al entorno, que son primordiales para un correcto uso de esas instalaciones.  No vale crear una instalación para que después la gente campee a su aire. Es una forma también de mentalizar a nuestra población insular en la sensibilidad medioambiental que tanto hace falta en nuestras islas, después del deterioro sufrido desde el comienzo de la conquista hasta nuestros días. Y encima se crearían puestos de trabajo.       

       Durante mis muchos años  de periodismo trabajé en la sección de turismo del periódico La Provincia y conozco, por tanto, las posibilidades de este sector. Dentro de esa nueva oferta para diversificar la demanda y los recursos, tenemos ya el turismo rural, con 19 establecimientos repartidos en todo el municipio. Es el turismo apropiado para los que realmente aman la naturaleza. Los que prefieran una vida tranquila o contemplativa. Los que deseen realizar recorridos por esos senderos y paisajes de encanto que tenemos. Claro está que a esos establecimientos debe exigírsele también calidad,  mantenimiento y  atención. Esa es la mejor publicidad para atraer clientela. Afortunadamente,  existen ya algunos que ofrecen tales requisitos. De todas formas, me extraña que a estas alturas, el casco de la villa de Moya no cuente con un hostal o un hotel, aunque sea de una estrella, o de los denominados "hoteles rurales", que puedan ofrecer alojamiento y pensión completa. Creo que Moya tiene méritos suficientes para atraer a una clientela, sea nacional o extranjera, interesada en permanecer aquí disfrutando unos días, del paisaje, de la tranquilidad, de su clima, de su gastronomía  y de su historia.

La concejalía de Turismo se ha preocupado de editar folletos, guías turísticas, colocar paneles, carteles  e información sobre Moya y ha acudido a ferias turísticas, o ha colocado unos postes, con pantalla y teclado, donde se puede entrar para saber todo lo que se quiera sobre la villa y su municipio. Es un sistema innovador que no se ha vito todavía en otros lugares de la isla.

      Pero no quisiera olvidarme tampoco de otros recursos importantes por los que se sienten cada vez más atraídos los propios canarios, y que se utiliza como una importante seña de identidad de un pueblo al que no se le ha permitido, durante muchos años,  reforzar su autoestima y su patrimonio prehispánico. Me refiero, claro está a la necesidad de abrir habilitar y abrir los yacimientos arqueológicos. Se realizará, supongo, de una forma que permita, por un lado, su conservación, y por otro, que pueda visitarse, individual o colectivamente, de manera  regulada, con personal especializado  y con información adecuada a base de centros de interpretación, paneles, folletos, etc. Me supongo que tendrá que hacerse a través de la dirección general de Patrimonio y del Cabildo Insular. En este aspecto tengo que señalar que se trabaja en el proyecto de habilitar el yacimiento de la Montañeta.

Considero de especial importancia que toda esta iniciativa esté acompañada de un centro de visitantes digno que informe, guíe y conserve este patrimonio que es de todos. Son también puestos de trabajo. 

          El patrimonio de Moya y su municipio no acaba ahí. Hay más elementos de notable consideración, como, por ejemplo, su  patrimonio cultural. La existencia de la Casa-Museo de Tomás Morales ya de por sí es importante y ha atraído a colectivos de escolares, de estudiantes universitarios, de investigadores  o de simples admiradores de la vida y obra del poeta e incluso a los mismos extranjeros que pasan por la localidad.

       Otros aspectos que deben ser conocidos, nos recuerdan la riqueza agropecuaria y los abundantes acuíferos del  pasado. Pozos, galerías, fuentes, manantiales, estanques. Ahí está el barrio denominado Aguas de Fontanales donde se atisba ese pasado; o las acequias que aún pueden verse o la  misma  historia de la Heredad de Moya. O unos lugares de sumo interés como el  Jardín de Corvo y su casa, o la vivienda y finca de San Fernando que perteneció al general Morales. Ambos habitáculos poseen incluso una capilla con panteones donde hasta hace poco se enterraba a los miembros de la familia. Alrededor de estos lugares se ciernen unas apasionantes historias. Y ahí están los nombres de Miguel Hernández, que no se trata precisamente del poeta, sino de un emprendedor agrícola, que dinamizó el cultivo del plátano en la zona cercana a la costa. Pertenecía a la familia conocida por los Espuelas, de la que mi abuela Mariana Hernández Melián, esposa de Esteban Castellano, formaba parte. 

         La costa de Lairaga, la costa de Moya, necesita también un retoque, una ordenación de su territorio  para controlar su urbanismo, para hacer avenidas y construir o mejorar las piscinas naturales. Y en general, sería bueno para todo el municipio que se intentara regenerar parte de su paisaje que se ha deteriorado, especialmente a causa del abandono de tierras de cultivo, caída de paredes, casas en ruina, etc.

HISTORIA DE LA VILLA DE MOYA

 Quiero destacar aquí y ahora la importancia del libro titulado "Historia de la Villa de Moya", cuyos autores  son Vicente Suárez Grimón y Pedro Quintana Andrés, donde se recogen los acontecimientos de este municipio, desde el siglo XV al XIX. Me supongo que saldrá otro tomo dedicado al siglo XX. Se detallan aspectos geográficos y paisajísticos, otros relacionados con el período prehispánico y posteriores asentamientos, la evolución demográfica, la administración local; el reparto de tierras y aguas; evolución de la producción agropecuaria y artesanía, evolución social y urbana; la conflictividad social; la Iglesia y la religiosidad y  la enseñanza: las primeras escuelas. 

        En el capítulo de la enseñanza no tengo más remedio  que dedicarle unos pocos minutos al que fue mi progenitor, Manuel Balbuena. Fue maestro de Fontanales durante 17 años. Unos años fructíferos para ese pueblo, donde desarrolló su labor docente imbuido por una gran vocación. Ejerció en una época anterior a la guerra civil (aunque yo la denomino siempre "incivil") y después de la misma. Allí conoció a mi madre, Regina Castellano, con la que tuvo siete hijos, tres varones y cuatro hembras.

Los que fueron sus alumnos lo recuerdan siempre con cariño. Además de impartir sus clases reglamentarias, se preocupó de crear una gran inquietud cultural. Organizó rondallas, grupos de teatro, bibliotecas, y además,  daba clases particulares, o impartía lecciones en plena naturaleza, realizaba excursiones por esos valles y cumbres de Gran Canaria, y fue el que me enseñó a mí y a otros muchos, las más elementales normas de urbanidad, necesarias para la convivencia, a amar la naturaleza, a practicar el senderismo, el hábito de la lectura, el gusto por la buena música y estimuló en mí la  vocación periodística y literaria. Mi padre tenía aún tiempo para hacer instancias o tramitarle el papeleo  a los vecinos, realizando el oficio de gestor o notario, e incluso para jugar con ellos al tute o al subastado.

     Mi madre, Regina Castellano, estuvo siempre al lado de mi padre en sus iniciativas y compartiendo muchos de sus gustos y aficiones. Era nieta del legendario Juan Castellano Yánez, más conocido por aquello lares como el Indiano Juan, prolífico padre de 34 hijos, tarea en la estimable colaboración de sus tres esposas, claro. Pero no vayan ustedes a creer que tenía un harén, sino que fueron matrimonios sucesivos...

Un momento de reflexión y un tributo para aquellos que tuvieron que emigrar a América, salir de Moya,  de sus islas, para buscarse la vida en otras tierras, en otros países.  Unos tuvieron suerte, trabajaron mucho y se enriquecieron, y otros, no tanto. Algunos quedaron allá para no volver jamás. 

Tengo que agradecer a este ayuntamiento, presidido por don Antonio Perera Hernández,  que le hayan puesto al colegio de Fontanales el nombre de mi padre. Agradecimiento, y el de mi familia, que extiendo a un grupo de vecinos de esta localidad, y especialmente al promotor  de esa iniciativa,  un bisnieto del Indiano Juan, como yo, Francisco Castellano Rodríguez, que también fue pregonero de las Fiestas de San Antonio, de Moya. A todos ellos, muchas gracias. 

Por cierto, hago aquí un inciso para destacar la gran labor que están realizando las escuelas rurales del municipio, que he visto reflejadas en los boletines informativos que editan. Se ha logrado que funcione muy bien la comunidad educativa, trabajando juntos padres, profesores y alumnos. Unos padres que se preocupan de la educación de sus hijos, que intervienen en talleres, en cursos, en charlas, que utilizan las bibliotecas e inducen a sus niños al hábito de la lectura. La lectura es eficaz para  ampliar nuestro vocabulario, expresarnos mejor, formar nuestro propio criterio y pensamiento, darle rienda suelta a nuestra imaginación y para acompañarnos en nuestras soledades. Un libro es un amigo silencioso que puede enseñarnos mucho.  Me supongo que en otros centros del municipio, no rurales,  ocurre exactamente lo mismo y siguen esa misma línea tan dinámica y positiva en la educación de los hijos y en el entendimiento con sus progenitores. Me parece excelente, por ejemplo, el funcionamiento del huerto escolar en el colegio Agustín Hernández. 

Volviendo al tema de mi padre, recordaré siempre aquellas caminatas que hacía conmigo, desde Fontanales hasta Moya, bien por el camino de Corvo y San Fernando, o bien por el barranco del Laurel, pasando por los Tilos, que para mí era un paraje de ensueño.  A veces me iba yo solito por aquellos montes y llegaba a la Caldera de los Pinos o al Montañón Negro. 

Los Tilos o Los Tiles (parece que el segundo nombre es el que le corresponde porque lo que allí abunda es el TIL) también me han inspirado en ciertas ocasiones y a él le he dedicado un poema, que les leeré incompleto: 

LOS TILOS

Una genuina reliquia terciaria, eres. 

Un tesoro de la Tamarán abrupta, 

Un bello vergel, acunado entre montes, 

Que a Moya has dado tan justa fama. 

Eres el vivo vestigio de un feliz pasado, 

Un fulgor de la mítica selva de Doramas, 

Que seres humanos casi han extinguido, 

Cegados por la necedad y la codicia, 

Poniendo en peligro tu frágil existencia. 

Idílico hogar de las canoras avecillas, 

Abocadas al desahucio, sin más remedio, 

Condenándolas así a un futuro incierto, 

Aquellos que expolian tus manantiales. 

Último bastión de la afamada laurisilva, 

Donde  discurrían corrientes rumorosas, 

Entre frondoso follaje y frescas sombras... 

Al transitar por Los Tilos, mi fantasía se desbordaba, estimulada por aquellos  cuentos infantiles que yo leía. Era para mí como un bosque encantado en el que creía  ver merodeando por allí, a  duendecillos, hadas y seres prodigiosos. El  canto de los pájaros y el rumor del arroyo continuo que descendía por el barranco, me sonaba a música celestial. Y hasta creía oír a algún ángel tocando su arpa o cantando una dulce melodía. Hoy me entristece ver el deterioro de este espacio y el peligro de extinción que se cierne sobre él. Hoy me entristece comprobar que ya el agua cristalina no fluye por el cauce del barranco.

Salvarlo es un reto de todos los que amamos esta tierra y la naturaleza. 

         Caminar hasta Moya suponía una gran aventura para mí, acostumbrado como estaba al reducido mundo de mi pueblo natal. A sus valles y montañas. En Moya mi padre visitaba a algunos amigos. A veces, mientras él resolvía algunos asuntos, yo me quedaba en la droguería de un amigo suyo llamado Ricardo Hernández Pizorno, en la que había de todo,  donde me ponía a leer cuentos. Y visitábamos a personajes muy conocidos en Moya como los médicos José Maya, o Manuel Sacaluga, o al farmacéutico Joaquín Peña, entre otros. Había una maestra, Pepita Febles, que tenía un coche pequeño en el que se desplazaba todos los días a la escuela de Corvo y más de una vez subí yo a él. Conocíamos también a Ruperto Cruz Montesdeoca y a su esposa Lita Castellano Suárez (que era de Fontanales y sobrina de don Guillermo Suárez) y a otros cuyos nombres se me escapan en la nebulosa del tiempo.         

          Pasados esos primeros años de la niñez, tenía que bajar cuando ya había cumplido los 9 años al colegio la Salle de Arucas, donde hice al ingreso al bachillerato y estudié allí  el primero y segundo año, hasta que luego, a los 12 años, ya me fui a vivir a Las Palmas, a donde mi padre pidió traslado, pensando, precisamente, en los estudios de sus hijos. 

 Yo viajaba, para ir al colegio de Arucas,  en el coche de mi tío, Santiago Castellano Hernández, que tenía lo que en aquella época se llamaba "un pirata". Muchos recordarán los piratas que competían con "los coches de hora" de la compañía Melián, como se les llamaba en esa época. Luego, algunos de los propietarios de piratas pasaron a Aicasa, que luego se convertiría en Utinsa y Salcai y hoy en día se han unificado en Global.

A veces no utilizaba el pirata para viajar a Arucas sino que iba en el camión de otro tío mío llamado  Amadeo Castellano- que, aparte de transportista, era co-propietario de un molino, y, a veces, yo viajaba en el camión de la leche. Y en ese andar por las carreteras conocí también a otros transportistas y dueños de "piratas"de Moya, como Salvador Toledo,  Antonio Enríquez, Manolo Melián, Daniel, o a José y Domingo  Castellano García, más conocidos por los Parra, que eran los dueños de la famosa Fonda del Pilar, a donde solían acudir recién casados para su luna de miel, y otros viajeros de la capital a los  que les encantaba el ambiente tranquilo y bucólico de Moya. 

En ese itinerario diario, (tenía que salir en los crudos días de invierno a las siete o siete y media de la mañana)  solíamos parar en la tienda de Vicente Toledo, al lado de la citada fonda. Los conductores y los viajeros se  detenían también en Arucas, para tomar café, y a la vuelta a Fontanales, en la tienda de Cecilio Suárez, en Corvo.  Eran como las estaciones de un obligatorio Vía Crucis, aunque más agradable, ya que las utilizaban para tomarse un café fuerte , o alguna una copilla de ron o de coñac, con manises, o algún que otro enyesque. Era cuando aún no había control de alcoholemia. Si embargo, escaseaban los accidentes de tráfico Y no saquen ustedes una conclusión errónea.¿eh? que yo defiendo la norma aquella de: "si bebes, no conduzcas". 

Les contaré una pequeña anécdota, referida a Vicente Toledo, en la que se decía que el párroco de Moya, don Nicolás Rodríguez, el impulsor del nueva iglesia de Moya,  solía dar un paseo todos los días hasta la fonda, o más allá y siempre saludaba a Vicente y conversaba un poco con él.

 Un día el cura le dijo a Vicente:

-Oye, Vicente. Nunca te veo ir a misa, ni entrar en la iglesia.

A lo que Vicente Toledo le contestó rápidamente:

-Mire don Nicolás. Yo a usted tampoco lo he visto nunca entrar en mi tienda para comprar. 

Los dos terminaron riéndose, y don Nicolás continuó su paseo. Tenía razón el comerciante...

LA MEMORIA 

Llegados a este punto, quisiera dedicarle un recuerdo a dos moyenses que  conocí mucho más tarde. Me refiero a Teodomiro Perera, que era nuestro corresponsal cuando yo trabajaba en La Provincia, y también concejal de este ayuntamiento y Julio Rodríguez Melián, periodista y que trabajó conmigo en la redacción del citado diario. Julio estaba casado con una hija de Manuel Sacaluga. Excelentes personas y amigos que, desgraciadamente, ya no se encuentran entre nosotros.

Quiero también dedicarle unas líneas  al que fuera alcalde de esta Villa, don Guillermo Suárez, que rigió este ayuntamiento entre 1931 y 1936. Se presentó a las elecciones por el Partido Republicano Federal Canario, de José Franchy Roca, donde también militaban Tomás Arroyo y Emilio Valle. Cuentan que don Guillermo, una persona seria y cabal,  (que desde 1924 fue vecino de mi abuelo Esteban Castellano, en Fontanales) dejó las arcas de la corporación municipal muy bien saneadas.

Pero cuando estalló el alzamiento, en 1936, fue detenido y encerrado en el colegio La Salle-Antúnez, habilitado como prisión provisional por los sublevados. Se le abrieron dos causas. Una en 1936 y otra en 1941, aunque exactamente no se sabe porqué motivo. Tal vez fuera por el hecho de ser republicano, a los que el nuevo régimen odiaba a muerte Pudo salvarse gracias a la intervención de un general que por lo visto le conocía bien. El propio Guillermo Suárez no quiso nunca hablar del tema de su detención porque le resultaba doloroso hacerlo. Guillermo Suárez era hermano de dos conocidos empresarios, nacidos en el municipio de Moya, Virgilio Suárez y su hermano  Santiago.

A pesar de los hechos desagradables que le ocurrieron, don Guillermo Suárez tuvo suerte, porque otros alcaldes republicanos no pudieron decir lo mismo. Así el que fuera alcalde del vecino pueblo de Firgas, el maestro  Manuel Hernández Quintero, (tío del conocido Eligio Hernández) estuvo siete años escondido en El Hierro, su isla natal, para librarse de la represión franquista. El alzamiento le sorprendió en El Pinar, en su isla, donde disfrutaba de las vacaciones estivales. Cuando se calmaron las pasiones, y al final se entregó, porque le dieron garantías de que no le ocurriría nada, pasó un tiempo en la cárcel  y lo inhabilitaron como maestro. Se volvió a incorporar a la docencia cuando se instauró la democracia y precisamente lo hizo en el colegio Castilla de Las Palmas de Gran Canaria, donde yo impartía  clases y ahí fue donde le conocí. El relato de lo que aconteció figura en el libro que escribió su esposa,  Juana Casañas Quintero, titulado "Historia de Manuel "El Huído". En otro libro que se llama "La represión franquista en El Hierro", de  Miguel Ángel Cabrera Acosta, se hace referencia también a este hecho y a todo lo ocurrido en la Isla del Meridiano.

 Otro alcalde, el de San Lorenzo, que era ayuntamiento antes de la guerra, dos concejales, el interventor y el jefe de la policía municipal, fueron fusilados...

 Ahora que se habla tanto de la Memoria Histórica, conviene que se den a conocer estos hechos. Está bien eso que propugnan algunos, en el sentido de que "hay que pasar página", incluso perdonar, que creo que es lo que debe hacer todo el que se considera cristiano, pero antes de pasarla, habrá que leerla, tendrá que saberse lo que en realidad ocurrió. Tanto en un lado, como en el otro.

         Después de Guillermo Suárez, fueron alcaldes de Moya, y espero no olvidarme de ninguno, Pedro Moreno, José María Maya, Joaquín Peña, Victoriano Herrera Rodríguez, Agustín Hernández, que fue el último elegido a dedo, (no había otra posibilidad)  y también el que consiguió el solar para construir el nuevo colegio de Fontanales. Fue director durante muchos años del colegio público de Moya, que lleva hoy su nombre, e hijo, a su vez, de un amigo de mi padre que fue maestro de San Fernando, llamado Jorge Hernández Benítez.

Ya, con la democracia, le siguieron Santiago Galván Quevedo, que fue el que más tiempo ha durado en el cargo y que consiguió que durante su mandato se construyera el instituto de Moya, cuando mi hermano  Luis Balbuena era consejero de Educación del Gobierno de Canarias, en una época muy fructífera para la enseñanza en estas islas. Luego vino don Antonio Perera Hernández, el actual primer edil, al que deseo, junto a todos los concejales de este ayuntamiento, un buen gobierno y una excelente gestión.

          Antes de terminar quiero destacar la excelente labor que está realizando la concejalía de Cultura de este ayuntamiento con una serie de actividades que dinamizan a esta villa y le permite a sus habitantes incrementar su autoestima y afán de superación. Hay una universidad popular con 250 alumnos, así como actividades artísticas: música instrumental, canto, folklore. Con el  programa Moya Verde, entran iniciación al senderismo, educación ambiental, etc. Cuentan, además,  con una escuela de teatro, talleres de alfarería tradicional, pintura, cursos de yoga, pilates, informática. Todos estos cursos y talleres están subvencionados por el ayuntamiento y el gobierno de Canarias. La demanda para participar es tan grande que se agotan las plazas rápidamente.

 

A este ámbito pertenecen la biblioteca, la emisora de radio, que dirige Mary Pino Ortega , con la que he tenido la satisfacción de charlar varias veces ante los micrófonos. Todo este conglomerado de iniciativas es un trabajo de equipo bajo la dirección de la concejala de Educación, Cultura y Juventud, María Inmaculada Guerra González  y el gestor de Cultura, Francisco Javier Romero. Se ha elaborado una programación cultural a lo largo de todo este año y habrá ciclos de cine, humor. espectáculos musicales y exposiciones  de pintura y de vestimenta canaria que se sucederán hasta el mes de diciembre.

 

Iniciativas que como la celebrada no hace mucho llamada Moya Dulce, hablan del dinamismo y los deseos de conseguir una villa viva, ilusionante y con futuro. 

Y ya termino,  animándoles, como docente que he sido, a que continúen por ese camino, porque el futuro de las generaciones venideras está en el conocimiento, en la cultura, en la formación, en el esfuerzo y en el tesón.

 "Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe...Sólo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento.  La libertad que hay que dar al pueblo es la Cultura"

Esto lo dijo el filósofo, escritor, profesor  y rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno y me ha llamado la atención ver reflejado este pensamiento suyo en uno de los folletos de la concejalía de Cultura.

Yo añadiría a lo anterior, con lo que estoy completamente de acuerdo, que no sólo el conocimiento nos hará libres, sino también "la verdad", como ya dijo Jesucristo hacer más de dos mil años.

A propósito de Unamuno les recuerdo que se celebra este año el centenario de la venida de Unamuno a Gran Canaria y su visita al interior de la isla, para participar en unos  Juegos Florales que se organizaron en la capital. Posteriormente volvió a Canarias, al ser desterrado a Fuerteventura, en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera. Pero pudo escapar de la isla majorera en el año 1924, en un barco fletado por el director del periódico francés "Le Quotidien".

Los actos se han iniciado el 15 de mayo. También habrá un Taller Didáctico, desde el mes de mayo a diciembre, organizado por la Casa Museo Tomás Morales de Moya, destinado a alumnos de primaria, de secundaria y a adultos, en el que participarán los municipios de Moya, Teror, Santa Brígida, Valleseco, Tejeda  y Artenara. Concretándonos a Moya, el 4 de junio se celebrará en la plaza de Tomás Morales, a las 6 de la tarde, una conferencia titulada "Hacia el corazón de la selva: Morales y Unamuno", a cargo del profesor de Didáctica Literaria  de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Oswaldo Sánchez Morales. Seguidamente se descubrirá una placa conmemorativa del paso de Unamuno por la Villa de Moya, realizada por el escultor Máximo Riol, finalizando el acto con una intervención de la agrupación musical municipal "Cumbres y Costas".

Los actos en recuerdo de don Miguel de Unamuno han sido organizados por el Cabildo de Gran Canaria la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y diversos ayuntamientos de la isla, coordinados por el catedrático de Lengua y Literatura Española del Instituto Tomás Morales y cronista oficial de Artenara,  José Antonio Luján Henríquez.

Para culminar el pregón, les diré que como la vida no nos regala nada, como no sea por un fortuito golpe del azar, pido a los padres que se conviertan en activos colaboradores en la labor de educar a sus hijos, que se involucren positivamente en la Comunidad Educativa y en que sean siempre luz y ejemplo para sus hijos. Es lo mejor que podemos regalarles y que será imperecedero.

             En  mi papel de Pregonero Mayor del municipio, aunque sea por breve tiempo, por Orden del señor Alcalde, como diría un auténtico pregonero, les digo  que disfruten,  y que se olviden por unos días, si pueden, de sus problemas, e incluso de los males que les aquejan. Que acudan con entusiasmo a la ya tradicional y hermosa ofrenda que la villa y sus barrios: Carretería, Cabo Verde, El Lance, Trujillo, el Frontón, Fontanales, El Pagador, Cabo Verde, Lomo Blanco... le hacen a su santo patrón, que participen activamente en el programa cívico y religioso que, como dice el concejal de Festejos, Manuel de los Reyes Marrero, se ha elaborado, con austeridad-debido a la situación económicas que atravesamos- pero con el ánimo "de que olvidemos lo malo de esta vida y podamos  juntos sonreír, disfrutar y ser felices, tanto   lugareños como foráneos". Y no olviden lo que en el programa les recuerda su párroco, don Andrés Rodríguez, "la caridad es el alma de la fiesta, hace que esté viva; sin el amor, la fiesta muere"·

Así pues, que haya más sonrisas que caras adustas y malhumoradas. Y junto a todo ello, que salga a relucir, con fuerza, la fe que llevan dentro y que han heredado. No olviden que la fe mueve montañas.

¡Felices Fiestas! ¡Viva San Antonio bendito!. " 

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