Montañismo y corrupción

Cristóbal D. Peñate
Los especuladores del ladrillo son unos pardillos al lado de los de montañas. ¿Para qué vas a ganar un millón de euros haciendo edificios si puedes llevarte 12, 30 o 100 especulando con montañas que no valen nada?
O tenemos un Gobierno de Canarias que no se entera o estamos ante una grave connivencia entre el poder político y algunos empresarios desaprensivos. O tenemos un gobierno que no vale nada, como las montañas que protege a cambio de indemnizaciones millonarias a especuladores del siglo XXI.
Hasta finales del siglo pasado, en incluso en los primeros años del actual, los especuladores inmobiliarios se dedicaban a levantar pisos a mansalva, muchas veces con la complicidad interesada de alcaldes sin escrúpulos, para llenarse, unos y otros, los bolsillos de euros incontrolados, sucios, muy negros.
Ahí están los casos de corrupción ligados al boom del turismo. El ex alcalde de Yaiza acaba de confesar que daba licencias discriminadas a todo aquel constructor que le apoquinara una buena comisión. Su familia, maga y nuevo rica, ha hecho lo que hacen todos los magos y nuevos ricos: comprarse coches de lujo y yates. Hasta en eso los nuevos ricos horteras son tontos porque en lo primero que se fijan los jueces y la policía es en el uso externo del dinero. Todo un esperpento.
El vilipendiado López Aguilar lo advirtió hasta la saciedad y los ciudadanos canarios lo entendieron. Por eso lo votaron masivamente como nunca había ocurrido con un candidato. Ahora está en Bruselas y sus adversarios políticos del PP y CC están encantados de que su partido lo haya destinado tan lejos.
Incluso algunos ilustres correligionarios, como Saavedra y Segura, ponen más leña al fuego, convencidos de que cualquier tiempo pasado, el de ellos, fue mejor. No iba desencaminado el secretario general del PSC-PSOE cuando denunciaba reiteradamente que estamos en una tierra gobernada por corruptos.
Las indemnizaciones por las tres montañitas nos van a costar una pasta, mientras cuatro listos se llevarán una fortuna por culpa de políticos y técnicos delincuentes. Ya digo: tenemos unos gobernantes pésimos que valen menos que las montañas que protegen.
