¿PEDIR PERMISO PARA LEER?
Mary Carmen Cabrera (Carmensa)

Está claro que para aquellos que escribimos y, en escasas ocasiones, podemos publicar un libro con mucho sacrificio y alguna que otra ayudita, nos sentimos estrellas cuando a alguien se le ocurre pararte por la calle y decirte que ha leído tu obra. Si además dice que le ha encantado, es como si te ganaras la lotería y, si por causalidades de la vida, se le ocurre comunicarte que desde que empezó a leer no pudo parar hasta que lo acabó, es como si te tocara un plus. Pero si además, te dice que se lo ha pasado a todas sus amigas y amigos y que todos y todas están encantados con él, te sientes la persona más afortunada del mundo.
Pero, claro, ¿quién soy yo como escritora?: una hormiguita que vive en un mundo de elefantes y que escribe por propia vocación y por necesidad intrínseca (necesito escribir casi tanto como respirar). Y una hormiguita se conforma con el afecto y el cariño de sus lectores cercanos y es feliz y plena con ello. Es el estímulo suficiente para seguir escribiendo y compartiendo los pensamientos, las ilusiones, los sueños y la creatividad con todos aquellos y aquellas que estén dispuestos a leerme.
¿Qué pasa con los elefantes? Ellos no sólo escriben porque lo necesitan y porque lo sienten como una vocación. Los grandes también escriben porque necesitan seguir siendo grandes y no se pueden permitir volver a ser hormiguitas. Necesitan el éxito, el poder y el dinero aunque eso conlleve que nadie, o casi nadie, se puedan permitir leer sus obras.
Los momentos de crisis también les llegan y el bolsillo empieza a cantarles como a todo el mundo, así que ahora se pretende cobrar un CANON en las bibliotecas para poder seguir teniendo los bolsillos llenos y que al final, como todo, repercute en el bolsillo de aquellos que disfrutan de la lectura pero que no pueden colocar un gasto más en sus presupuestos. Y es que muy pocos se pueden ir a una librería y pagar 20 € por una obra que se leerá en una o dos semanas.
¡Nos estamos volviendo locos!
¿Me pedirán explicaciones o cánones por prestar a mis amigos y
amigas los libros que forman parte de mi pequeña biblioteca personal y que me ha costado más de 25 años tener?
Escribiendo se disfruta y si, además tienes la fortuna de que te lean, aún se disfruta más.
Leer nos permite escuchar las voces de otros y otras. Alimentarnos de sus sabidurías. Transportarnos a lugares que, si no fuera por un libro, jamás podríamos soñar.
Leer nos permite vivir las propias aventuras de los protagonistas, imaginarnos lugares fantásticos y, hasta con nuestra imaginación, situarnos en el contexto donde sucede la narración.
Los y las escritoras son duendes, magos, reyes, gracias a los cuales podemos evadirnos de nuestras monotonías y aprender, aprender, aprender.
¿No es ese el mejor regalo para un creador o creadora?
¿No es el fin de un escritor o escritora compartir su obra, compartir su arte?
Y..., desde luego, también hay que VIVIR. Pero para vivir no es necesario ser millonario/a.
NO ES JUSTO QUE NOS PRIVEN DEL GRAN PLACER QUE PROPORCIONA LA LECTURA.
Piénsenlo: los/las usuarios/as perdemos mucho. Los escritores y escritoras mucho más.
Una y mil veces firmaré y protestaré en contra de esa medida uniéndome a la campaña diciendo: ¡NO AL CANON EN BIBLIOTECAS!

