LOS "ISLEÑOS" DE LUISIANA VISITAN INGENIO
J. M. Balbuena Castellano
He leído en La Provincia, que niños y niñas de Baton Rouge, la capital del estado norteamericano de Luisiana, vendrán a Ingenio para participar en un intercambio cultural con motivo del XIV Festival Internacional de Folclore de esta villa.
No lo especifica, pero me supongo que esos niños serán descendientes de los canarios que se establecieron en el delta del Misisipi, muy cerca de Nueva Orleáns, en el siglo XVIII, llevados allí por el gobernador Bernardo de Gálvez, como relato en mi libro "La odisea de los canarios de Texas y Luisiana". Los emigrantes del archipiélago canario formaron la vanguardia en los programas de colonización de la corona de España. A esto se le llamaba "el tributo de sangre". Las personas elegidas, en principio, eran principalmente marineros y soldados, pero después se arriesgaron también artesanos, campesinos y simples colonos, con sus familias.
Los canarios se instalaron en unas tierras pobres, pantanosas, plagadas de mosquitos y no tuvieron más remedio que dedicarse, para subsistir, a la pesca, especialmente jaibas (una especie de cangrejo) y camarones, o cazaban animales cuyas pieles se cotizaban a muy buenos precio en los mercados de Nueva Orleáns o Nueva York. Luego trabajaron en las plantaciones de algodón, en terrenos que, en gran parte, ellos mismos habían vendido a los hacendados. En los últimos tiempos, una buena parte de esa población encontró ocupación en las refinerías de petróleo y el resto se dedicaba a las más diversas actividades.
Una de las comunidades isleñas más prósperas del delta del Misisipi es Saint Bernard Parish, o Parroquia de San Bernardo. La primera iglesia de este pueblo fue construida en el año 1785 y se consideró la primera parroquia de Nueva Orleáns. Luego se levantó otro templo en 1915. Igual que otras localidades de origen canario, sus descendientes conservaron su acervo cultural, sus tradiciones, sus costumbres, y, por supuesto, el dialecto que hablaban sus antepasados en el siglo XVIII. Hicieron todo lo posible por conservar su personalidad e identidad étnica, a pesar de vivir rodeados de indios, de "cajuns acadianos" (de origen francés), y personas de las más diversas procedencias, creándose un crisol de pueblos (melting pot)
Debido a las nuevas infraestructuras del Estado y a las mejoras de las comunicaciones, se acabó su aislamiento y los descendientes de canarios entraron en la sociedad de Luisiana, a la que dotó de personajes de relieve como jueces, hacendados, historiadores, alcaldes, etc.
En 1980 construyeron el Isleños Museum, cuyo objetivo era preservar, precisamente, la cultura canaria. Libros, artículos, documentales, películas han reflejado las peculiaridades de esta comunidad y su aventurado periplo desde Canarias. Uno de los documentales más interesantes, proyectado y difundido en diversas emisoras isleña, lo realizó el grancanario Pedro Siemens.
Los "Isleños" (ellos mismos se llaman así) fundaron la asociación Herencia y Cultura de los Isleños en San Bernardo. Uno de los miembros de esta asociación es Irvan Pérez, transmisor oral de la cultura de los canarios en Luisiana. Ha visitado en diversas ocasiones estas islas, en busca de sus raíces y para participar en actividades culturales. Él recitaba décimas y romances que recibió en herencia de sus antepasados del siglo XVIII y que celosamente han guardado hasta nuestros días.
Además de San Bernardo, hubo otras localidades de Luisiana pobladas por colonos canarios, entre ellas, Barataria, Galveztown, situado este cerca de Baton Rouge y por tanto, nada tiene que ver con el Galveston tejano) Nueva Iberia o Valenzuela. En total se calcula que se establecieron en aquel territorio más de 4.000 canarios. Además, curiosamente, surgieron poblaciones que recordaban nombres de caseríos y pueblos que ellos habían dejado en las islas: Puntagorda, Las Candelarias, Monte del Tío Ramón, Puntafina, Las Isla, etc. Los isleños de Luisiana tenían sus propias normas y leyes para gobernarse. Se sentía, además, un gran respeto por los ancianos y sus opiniones eran muy tenidas en cuenta.
Según me contaba Irvan Pérez, su generación fue la primera que asistió obligatoriamente a las escuelas públicas norteamericanas (en inglés, claro), por lo que la influencia isleña y el idioma español-canario fue perdiendo interés entre los más jóvenes.
Muchos de los establecimientos "isleños" de Luisiana, como el resto de la población, sufrieron los fatales efectos del huracán Katrina, que impacto de forma violenta el 29 de agosto de 2.005. Numerosas personas tuvieron que abandonar San Bernardo y otras localidades y viven todavía hoy dispersos en distintos lugares de Luisiana y en otros estados de la nación. La presidencia de la Canary Islanders Heritage Society, localizada en Baton Rouge, sirvió y sirve de nexo para proporcionar información a todos los descendientes de canarios de este estado que la requieran. El alcalde de San Bernardo, Henry Rodriguez, Jr, y otros miembros destacados de la comunidad, elaboraron un informe de los daños que causó el Katrina en los centros culturales isleños.
Conviene recordar que en el 2005 visitó la zona devastada la vicepresidenta del Gobierno de Canarias, María del Mar Julios, mostrando gran sensibilidad y apoyo ante esta tragedia. El Katrina dejó 1.300 muertos y miles de personas perdieron sus hogares. Por cierto, el mencionado Museo de los Isleños fue uno de los edificios que sufrieron importantes daños.

