VICENTE FERRER, PARADIGMA DE GENEROSIDAD
José M. Balbuena
Millones de personas como el filántropo catalán Vicente Ferrer harían falta en la tierra para que la conducta humana mejorara y destacase más la armonía, la solidaridad y la fraternidad que esa continua confrontación, odio, ambición y vulneración de los derechos humanos existente hoy en todas partes. Muchos lo intentan ya, con sus ONG, sus tareas de cooperadores, su afán de paliar el dolor, la enfermedad y el hambre, pero ya vemos que no es suficiente.
Vicente Ferrer ha muerto en Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, a los 89 años, allí donde él voluntariamente quería despedirse de este mundo, haciendo todo el bien que pudo. Durante 55 años de su vida ayudó a los
desposeídos, de la India, a los parias, en un país muy desequilibrado que todavía se rige por castas y donde hay seres superiores y otros que no valen nada.
A los parias, a los intocables, a los "dalits", la casta odiada y despreciada por todos, es a la más ayudó Vicente Ferrer, y también a los desvalidos, a los que dedicó su vida que estaba destinada a servir a los demás.
Su biografía es de lo más interesante y paradigmática. Empezó desde joven a sentir inquietudes y deseos de mejorar la sociedad. Perteneció al Partido Obrero Unificado Marxista (POUM). Luchó en el lado republicano en la batalla del Ebro, contra las tropas del golpista Franco, apoyado por el nacional-catolicismo, la burguesía y los ultraconservadores españoles. Al huir a Francia, esperando tener buena acogida en el territorio galo, se encontró, por el contrario, en un campo de concentración en Argeles-sur-Mer, desde el cual lo entregaron a los franquistas que lo recluyeron primero, y después le obligaron a cumplir de nuevo el servicio militar.
En 1944 ingresa en la Compañía de Jesús, con el objetivo de servir a los demás. Fue enviado a Bombay como misionero de esa orden y viendo tanta miseria en esa ciudad, se propuso erradicar, dentro de sus posibilidades, el sufrimiento que veía a su alrededor. Tuvo problemas con el gobierno indio, que le expulsó de Bombay en 1968,. En 1969, le permiten de nueva la entrada, reconociendo por fin el gobierno indio su labor, y se instala en Anantapur. También hubo enfrentamientos con la compañía de Jesús, que abandonó en 1969, bastante desencantado de ella, por cierto.
Creó la Fundación que lleva su nombre, contando en estos momentos con cinco hospitales, cientos de escuelas y 135.000 padrinos para niños huérfanos. Ha ayudado a muchos pobres a desarrollar una agricultura de supervivencia, construyendo pozos, canalizaciones, embalses, caminos, y buscar créditos para las actividades de los campesinos. De sus proyectos se benefician dos millones y medio de personas que viven en dos mil pueblos y aldeas que el gobierno central olvida que existen siquiera.
Vicente Ferrer estaba casado con la periodista inglesa Ann Perry, con la que tuvo tres hijos. Ferrer recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1992. También se había solicitado para él el Premio Nóbel, pero la muerte le impidió, tal vez, que se lo otorgaran.
Aquellos a los que tanto benefició, valorando su condición de seres humanos, le despidieron en olor de multitudes. Su espíritu y su obra quedarán para siempre en la India. Su hijo tomará el mando de esta prestigiosa Fundación que continuará con su meritoria labor.

