EL HIERRO, UNA ISLA PARA DISFRUTAR DE LA NATURALEZA
José M. Balbuena Castellano
Hace unos años se suscribió en la isla de El Hierro un Manifiesto, promovido por sus autoridades y apoyado por numerosas personas de prestigio y por el mismo pueblo herreño, mediante el cual se adquiría el
compromiso de defender su naturaleza, sus costas, su arquitectura, su idiosincrasia y se mantenía la voluntad de conservar esta isla al máximo, rechazando los errores que se habían cometidos en otras islas del archipiélago, contagiadas por un irracional desarrollismo. Era algo similar a lo que el artista César Manrique elaboró y propuso para la isla de Lanzarote.
A pesar de estos buenos deseos, algo ha cambiado en Lanzarote, y no para mejorar precisamente. En El Hierro parece que no ha habido hasta el momento, grandes impactos negativos que lamentar. La intención es que se compaginen los recursos tradicionales de la agricultura, la ganadería y la pesca, con un turismo moderado y sostenible. Por tanto, se huye de la masificación o de grandes edificaciones que rompan la armonía del territorio y de los núcleos urbanos. Precisamente esta isla ha sido escogida para implantar energías alternativas limpias, no contaminantes, evitando la dependencia de los hidrocarburos, con un proyecto de generación eléctrica totalmente autosuficiente antes del año 2.011.

Desde el punto de vista turístico, El Hierro es una isla diferente. Sus grandes atractivos no son playas inmensas de arena dorada, sino el
disfrute pleno de la naturaleza: la pesca, el senderismo, el parapente, la tranquilidad, la gastronomía y la salud. En la parte oriental de la isla se encuentra el parador nacional, cuya ubicación fue elegida caprichosamente por el ministro franquista Fraga Iribarne, en Las Playas, aunque, bajo mi punto de vista, no eligió el más adecuado. Existen otros lugares mejores y más asequibles. Pero también existen establecimientos alojativos en su capital, Valverde, en el Valle del Golfo, o en La Restinga.

En El Golfo se encuentran algunos complejos turísticos, así como el balneario del Pozo de la Salud, y el hotel Puntagrande, reseñado en el libro Guinness de los récords como el más pequeño del mundo.
En este mismo valle se ubica el lagartario en el que en los últimos años se ha reproducido el lagarto gigante de El Hierro. Este reptil se encontraba en los Roques del Salmor, pero allí desaparecieron los ejemplares que había. Se descubrió que también tenían por hábitat en la Fuga de Gorreta, de donde se obtuvieron ejemplares para reproducción, que hasta el momento ha sido exitosa. Este lagarto, que no es tan grande como puede pensarse por su nombre, constituye un eslabón que faltaba por encontrar en la cadena evolutiva de las especies.
Otro de los puntos interesantes que pueden visitarse de El Golfo,
desde el punto de vista etnográfico, es el poblado de Guinea, que ha sido rehabilitado. En el Hierro está muy desarrollado el turismo rural, existiendo dos centrales de reservas (Meridiano Cero, 922,551824 y Cotur, 922-556041)
En el pueblo de Tigaday hay unos cuantos edificios de apartamentos y el pequeño hotel Ida Inés
Centros de interés de esta isla son también el faro de Orchilla, el más occidental de España; la Dehesa, donde se encuentra la ermita de la Virgen de los Reyes, patrona de El Hierro, y muy cerca, las famosas sabinas, que el viento ha inclinado, confiriéndole una forma muy característica. Como resalta el empresario y escritor Lamberto Wägner, "las sabinas luchando c
ontra el viento como el herreño lucha desde la noche de los tiempos contra las inclemencias de la naturaleza". Una zona recreativa muy estimada por los herreños y visitantes es la Hoya del Morcillo, entre los pinares de la parte central de la isla, cerca del pueblo del Pinar, que recientemente se segregó del ayuntamiento de Frontera. Las localidades costeras, consideradas zonas residenciales, especialmente en los meses de verano son Tamaduste y La Restinga, que es también puerto pesquero.
En los bordes de las zonas altas de la isla figuran varios miradores desde los que pueden contemplarse, tanto diversas perspectivas del Valle de Golfo como de la parte oriental de la isla. Cerca de La Restinga se
encuentra el Lajial, con el Mar de las Calmas y El Julan, con vestigios bimbaches, que eran los antiguos habitantes de esta isla. Visita obligada es la del mirador de La Peña, diseñado por César Manrique, en lo alto del Risco de Tibataje. Hay un empinado sendero que comunica con el Valle.
Lo más probable es que le lleven también a ver el mítico árbol del Garoé, del que los aborígenes se surtían de agua fresca. El Hierro es, entre las islas mayores, la más pequeña. Tiene una extensión de 287 kilómetros cuadrados, y una población que fluctúa según los tiempos y las circunstancias. Hubo una época, no hace mucho, a causa de la emigración a Cuba primero y después a Venezuela, en que apenas alcanzaba los 5.000 habitantes. Ahora se estima que hay poco más de 10.000.

La agricultura y la ganadería siguen siendo los principales recursos de El Hierro. Antes había cereales, y frutales (higos, albaricoques), y viñedos. Los caldos herreños tienen buena fama, así como sus quesos, quesadillas y piñas americanas. Se practicaba la trashumancia y los ganados subían desde el Valle y otras localidades de la isla hasta la meseta de Nisdafe y los pastores se alojaban en el pueblo de San Andrés. En la Dehesa existen pastos comunales.
Una nueva carretera y un túnel reducen ostensiblemente la distancia existente entre Valverde y el Valle del Golfo. Eso para los que tengan prisa. Lo ideal para conocer bien El Hierro y disfrutarla es coger una mochila y un bastón y recorrer el mayor número de senderos y caminos. Yo por lo menos lo he hecho, recorriendo la isla durante una semana. En esta aventura conocí además la hospitalidad y la amabilidad de los herreños.


