El aeropuerto de Gran Canaria vivió hoy una de sus mayores jornadas de angustia
Padres, abuelas y otros parientes comenzaron a congregarse casi desde que se supo la noticia por los medios de comunicación en el aeropuerto, donde decenas de profesionales sanitarios y agentes de seguridad aguardaban su llegada, en un dispositivo de atención que prepararon para ellos las autoridades mientras esperaban a que se aclararan las identidades de las víctimas.
También se personaron en el lugar las máximas autoridades del Archipiélago, incluidos el presidente y el vicepresidente de la Comunidad Autónoma, Paulino Rivero y José Manuel Soria, y la delegada del Gobierno en las islas, Carolina Darias, que fueron testigos de las emotivas escenas que se sucedieron toda la tarde.
Escenas marcadas, en la mayoría de los casos, por el nerviosismo y la desesperación de decenas de familiares que, en un goteo imparable, trataban sin éxito durante horas de obtener confirmación de si sus seres queridos se hallaban entre las víctimas, con la duda incluso, en algunos casos, de si finalmente habían tomado o no el vuelo accidentado.
Llantos y ansiedad, caras de enfado y protestas por la falta de información, demorada por las autoridades en espera de contar con datos completamente fiables, convivieron con algunas pocas expresiones de alegría, como la de una madre que, tras desplazarse urgentemente al aeropuerto temiendo lo peor, comprobó que finalmente sus hijas, de 13 y 14 años, no llegaron a coger el avión.
Frente a ella, otro padre, Rafael Morillo, no ocultó su impresión de que debía esperar malas noticias sobre el paradero de su hija, la joven pasajera Leticia Morillo, a quien confesó llevaba intentando localizar sin éxito en su teléfono móvil desde la última vez que había contactado con ella, poco antes del despegue del vuelo.
"Esto pinta muy mal", declaró tras pasar por una sala preparada para acoger a los familiares de los viajeros, subrayando que justificaba los peores pronósticos el hecho de que "nadie soltaba prenda" sobre la suerte del pasaje.
Tampoco ocultaron su angustia e incertidumbre dos abuelas que esperaban a sus nietos, una a dos niños de corta edad y otra a un joven de 22 años y su novia, sin tener en ambos casos dato alguno sobre su suerte.
Para controlar la intensa actividad que se generó con motivo del accidente y el constante trasiego de familiares fueron desplazados al Aeropuerto decenas de agentes de Policía Nacional, Guardia Civil y policías locales de la isla, cuyos numerosos coches copaban los accesos de la terminal de vuelos interinsulares, en cuyas oficinas se organizó el dispositivo de atención a parientes.
Con ellos compartían espacio más de una decena de ambulancias y otros vehículos sanitarios del Servicio Canario de Salud y la Cruz Roja, cuyos efectivos, enviados también en amplio número a las instalaciones, fueron los responsables más directos de afrontar la situación de quienes esperaban noticias con miedo a lo que les pudieran confirmar.
Tampoco faltaron, ante la gravedad de los hechos, los cuidados espirituales de dos sacerdotes católicos que acudieron en previsión de que algún fiel precisara de su consuelo.
Todos los congregados en el Aeropuerto, incluido Paulino Rivero, que anunció que el Gobierno decretará desde mañana tres días de luto en la Comunidad Autónoma ante el siniestro, compartieron sobre todo, en cualquier caso, la incertidumbre, a consecuencia de la decisión de la compañía que organizaba el vuelo, Spanair, de no aclarar la identidad de las víctimas hasta tener datos completamente fiables.
Incertidumbre que aumentó al conocer que la compañía sólo les ofrecerá la información que reclaman en Madrid, cuando hayan llegado a la capital del país los familiares de pasajeros que acepten el ofrecimiento de Spanair de viajar allí en un vuelo que fletó expresamente con ese fin.


Nuestro sincero pesar dijo
Desde aqui mostramos nuestra solidaridad con los familiares, accidentados y fallecidos, que ya se elevan nada menos que a 153, pocos supervivientes. Las banderas de las instituciones no lucen en lo más alto, igual que los canarios cuyo animo tenemos por los suelos. ¡Que desgracia!
21 Agosto 2008 | 08:40 AM