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La Coctelera

Jarutaco (Gáldar-GRAN CANARIA)

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25 Junio 2008

Pregón de las Fiestas de Cañada Honda. (y II)

- Viene de artículo anterior -

Por: ANGEL RUIZ QUESADA.

Entre ellos formaban grupos bajo la denominación de “cuadrillas”, que yo suponía formadas por cuatro hombres. Pero, en realidad, sumaban tanto cuatro, como cinco o hasta ocho. Entre ellos se repartían los encargos del pico, del sacho o el rastrillo, de la cesta o baldes de hierro, de la barra o leva, de las cuñas, del marrón, de las planchas, de la mandarria, de la escoda junto a la regla, etc. Todo para sacar cantos de doce, quince o veinte centímetros...

Me contaba José Manuel Román, una simpática anécdota de Ramón Benítez Vega, no muy dado a las cuentas. En cierta ocasión, al finalizar la jornada y recogiendo las herramientas, Isidro Pérez Guillén le preguntó:

- Ramón, ¿recogiste las cuñas?

- Sí, Isidro.

- ¿Cuántas hay?

- Están todas.

Yo recuerdo ver pasar a muchos de ellos, cargados de picos y escodas hacia la herrería de Maestro Juan, otros se dirigían a la de Santiago Santana Flores y su hijo, donde trabajaban Maestro Pedro y Pepe Guzmán.

De jóvenes, al llegar la época de montar los belenes, íbamos a las herrerías a recoger los sobrantes del carbón, que frecuentemente formaban fantásticas figuras y que utilizábamos para simular las montañas. Mientras esperábamos que se enfriaran, veíamos fraguar las herraduras de varios caballos que esperaban pacientes a ser herrados. También aquí se oían los “jipíos” de los herreros, que coincidían con el sonido del yunque.

Donde actualmente está situada la hornacina de Santa Teresa, se encontraba la pedrera donde hice mis primeros peninos como obrero. Duré muy poco, porque el balde de hierro me pesaba más que el escombro que había dentro. Quizás coincidí con los nietos de Agustín. Uno de ellos, Pepe el de Agustín, padre del actual presidente de esta Asociación, era uno de los mejores labrantes de la época. Junto a la imagen de la santa, también vemos hoy una plaza y una casa tapiada, que esperamos fervorosamente sea pronto objeto, en unión de la pedrera vecina de un acuerdo municipal de permuta.

La vivienda cerrada podría ser muy bien la “Casa del Pedrero”, un museo que se podría sumar al de la Cueva Pintada, al de Antonio Padrón, al de Arte Sacro y a los que se proyectan dedicados a Juan Borges Linares y al Molinero, ubicado este último en el Paseo Bartolito el del Molino. A este respecto, debo manifestar que he visto un letrero anunciando la venta de la casa donde se emplazaba el “Taller del Rubio”; todavía estamos a tiempo de conseguir las instalaciones del molino de agua que permanecen en sus sótanos.

Cuando consigamos todos estos objetivos, mediante una buena política sobre centros de exposición, despertaríamos sana envidia en otros municipios.

Afortunadamente, la profesión de los pedreros cuenta con dos hermosas dedicatorias. Una es la rotulaciòn de la Ssbida a La Montaña como de Avenida de Los Canteros; otra se encuentra a la bajada, y consiste en un precioso monumento originalmente diseñado por un vecino de esta barriadal profesor Cristóbal Guerra.

Debo recordar a este propósito que, en mi pregón a las Fiestas de La Montaña en el año 1988, propuse que la subida recibiera el nombre de “Avenida Gonzalo Fernández Parrilla”, con quien sigo creyendo que Gáldar tiene una deuda. Fue el primer titular que tuvo la parroquia de La Montaña, creada en tiempos difíciles. Logró aglutinar a toda la juventud y –lo que tuvo más importancia- comprometerla con la problemática social de toda la barriada, incluyendo en su actividad a toda Cañada Honda. Naturalmente, habría que buscarle otra vía para que contara con igual distinción que la de don Abraham González Arencibia.

Con referencia a los trabajadores de las canteras, estimo que puede hacerse algo muy factible, que ya expuse al anterior concejal de Patrimonio Histórico don Ricardo Reyes, y que podría considerar la nueva responsable del área. Al final de la calle de Santiago de los Caballeros, en el Lomo Cuarto, se halla la Cantera de Toba Volcánica; se trata de una parcela de algo más de mil metros cuadrados, con una excavación de cuarenta y cinco mil metros cuadrados y una pared de cerramiento, realizada con sillares de piedra de la propia cantera, de trescientos metros cuadrados. Su historia nos lleva a la construcción del Templo de Santiago y, más recientemente, al cerramiento de la Cueva Pintada. Esta cantera es propiedad del Gobierno de Canarias desde el año 1993. Estoy totalmente convencido de que una solicitud de nuestra Corporación a la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural, para la firma de un convenio orientado a la creación de un museo etnográfico y de una escuela de maestros canteros difícilmente obtendría una respuesta negativa. De este modo, se llevaría a la práctica aquella moción que el grupo municipal hoy gobernante presentó en el mes de noviembre de 2005: Que el Ayuntamiento regule mediante una Ordenanza Municipal, la protección de recuperación de todos los cantos de las fincas agrícolas y urbanas que contengan cantería galdense para impedir su destrucción.

Quiero situarme ahora ante las grandes llanuras con las que Cañada Honda linda con el mar. Sin pretenderlo, se han convertido en la nueva “Vega de Gáldar”, con grandes extensiones de cultivo de plataneras. Es una lástima que la preciosa vista que desde aquí abarcamos quede interrumpida por los enormes plásticos. Pero una cosa es el panorama que querríamos disfrutar, y otra la necesidad que obliga a esta situación.

José Manuel Román, hijo de esta barriada, gran aficionado a la música, es un joven barbero de hoy con clientes de ayer y de ahora, que continúa la interesante profesión de su padre Manolo Román, uno de los primeros vecinos del sector, que también formó parte del primer colectivo vecinal de La Montaña. Me decía José Manuel que, en Cañada Honda, unos se despiertan con el canto del gallo y otros, como él, con los balidos de las cabras. Lo dice porque su casa está situada frente a la de Teodoro Monzón Jiménez, más conocido por “Teodoro el del Estiércol”, que con su dignísima profesión y con la ayuda de su mujer, Carmen Viera Rodríguez, ha sacado adelante a sus hijos Antonia, Teodoro, Nieves y Carmen Rosa, así como a sus ocho nietos. Mi amigo el barbero y yo coincidimos en que es fiel ejemplo del trabajador incansable; no de las pedreras, en este caso, aunque ocupa una de ellas: “El Infierno Verde”. Es éste un apelativo que se ha vuelto muy oportuno, pues Teodoro es hoy uno de los más destacados especialistas en el tratamiento del estiércol ecológico, ya que se encarga de triturar todos los sobrantes de las podas de la comarca. Me van a permitir que le dedique aún unos instantes. Siempre le recuerdo al volante de un camión lleno de estiércol, aquel famoso Barreiros, de matrícula GC. 48.222. En una ocasión, toda la barriada se llevó un gran susto, cuando cayó al estanque un vehículo, creyendo todos erróneamente que iba dentro. También se me representa en un furgón, tan lleno de pasto para el ganado que casi no podía ver a través del parabrisas. Como reitero, es un gran exponente del trabajador de La Montaña. No creo exagerar cuando afirmo que bien merece la condecoración que, al día de hoy, sólo ostenta en nuestra ciudad otro Teodoro, en este caso del Pino Jiménez, profesional de la madera: la medalla de plata al mérito en el trabajo.

Me gustaría seguir hablando y citar a muchísimas personas más, que también lo merecen, pero otros que me han precedido ya lo habrán hecho, con toda certeza. Opino también que un pregón no debe ser algo exhaustivo. Sólo quiero –y espero conseguirlo- añadir alguna que otra puntualización a los trabajos ya realizados.

Pero no me resisto a nombrar a los poetas de la barriada, a los que, sin pretenderlo, he ido descubriendo con mis entrevistas a nuestros mayores para una investigación que preparo. He conocido un hermoso trabajo, debido a la iniciativa de los profesores de los Centros de Adultos galdenses. Quiero repetir una bonita frase recogida en el mismo: Cuando una persona mayor muere, arde una biblioteca. Una persona, un libro; todos ustedes, la mejor biblioteca del mundo.

En Cañada Honda, por ahora he podido admirar a Pinito Santana Molina, que ya tiene una obra compuesta, que confío en ver pronto publicada. Junto a ella también escriben Marianita López García, María Luisa Santana, Laudelina Monzón y Venancio Guerra Sosa.

Entre mis grabaciones se encuentra la recogida a Marianita, que, con sus ochenta y cuatro años, recita una cantidad considerable de oraciones. Voy a hacerles partícipes de una de ellas, que habla de algo que aún permanece en la retina de muchos de nosotros: me refiero a la visita del cura a los enfermos, para la que recuerdo que se usaba frecuentemente el coche de Isidorito. La memoria de Marianita, que alcanza mucho más atrás, ve llegar a pie al sacerdote, vestido de blanco. A su paso, y con el repicar de una campanilla, la gente, arrodillada en el suelo, rezaba:

Ahí viene el Verbo Divino

vestido de carne humana

a visitar a un enfermo

que está malito en la cama

Dios le dé su mejoría

la salvación en el alma

a mí también me la dé

cuando de este mundo me vaya

Escuchemos ahora unos versos de Venancio, muy apropiados para las fiestas que celebramos:

Santa Teresa de Jesús

madre de Cañada Honda

todos los años te sacamos

de tu cuevita redonda

Tengo muy presente esta noche a Venancio, que fue directivo de esta Asociación y uno de los constructores de la cueva. A causa de la cruz que Dios le ha dado y que con tanta dignidad y orgullo lleva, está retirado en su casa. Ojalá el destino le de una bonita sorpresa y pueda estar nuevamente con su mujer, Olga Molina Moreno, en medio de todos nosotros.

Estamos acostumbrados a oír hablar en tono despectivo de nuestras suegras. Escuchemos, pues, lo que Venancio dedica a la suya, y que yo también aprovecho para ofrecerlo a la mía:

Yo quiero mucho a mi suegra

poco menos que a mi madre

porque yo tengo en mi casa

un espejo con qué mirarme

Desde este momento, me darán la razón los que me han oído reclamar un encuentro poético que se celebraría anualmente, en el marco de las fiestas de San Sebastián, en el Paseo de Bartolito el del Molino ¿Se imaginan a nuestros mayores dándonos a conocer sus venturas y desventuras a través de sus romances? ¡Sería precioso! Por ello, sigo insistiendo ante la Concejalía de Cultura, a fin de que nadie se nos anticipe en esta iniciativa.

No puedo acabar, sin antes pregonar en síntesis el amplio programa que, con mucha ilusión, ha confeccionado esta Asociación, para que sea oído a través de los medios informativos, escritos y hablados; para que me escuchen todos: que Cañada Honda, como todos los años por estas fechas, se pone sus mejores galas, para recibir a propios y extraños, porque para todos son las fiestas. Acudamos a cada uno de los actos programados. Es la mejor ocasión para vernos de nuevo, para charlar de nuestras familias, de cómo van los estudios de nuestros hijos, de quiénes se han casado, de qué nuevos vecinos tiene la barriada. No sólo participemos con nuestra presencia, sino que nos ofrezcamos para todo aquello en lo que podamos colaborar. Porque la fiesta no es únicamente de quien la organiza: es de todos. Disfrutemos con ella.

Santa Teresa de Jesús nos agradecerá su procesión del día principal. Acompañémosla con fe y con devoción. Con la misma fe de aquellos vecinos que encargaron a nuestro insigne escultor Borges Linares su imagen, que hoy brilla en la gruta de una de nuestras pedreras. Todos anhelamos que en los planes municipales se incluya una cubierta bastante amplia como para albergar a tantos y tantos feligreses que cada año se acercan a ella, y que Cañada Honda cuente, como una barrio más, con su correspondiente ermita, en armonía, por supuesto, con las especiales características de su entorno. Me la imagino con una gran cubierta apoyada en pilares al descubierto, y tallados, al igual que los asientos en cantería galdense.

La Asociación, que hoy disfruta de unos enormes y preciosos salones, tuvo que recorrer una verdadera peregrinación de siete estaciones antes de llegar aquí. Entiendo, por ello que constantemente hemos de recordar a los que confiaron en los primeros promotores, para ceder sus humildes locales: Isidro Godoy, Pablito Monzón, Juan Montesdeeoca, Clemente Pulido, Genoveva Pérez y Eulogio Santana. No perdemos la esperanza de ver, con el tiempo, junto a la placita actual un gran espacio que ocupará la totalidad de la pedrera y que servirá de esparcimiento para toda la barriada. Ya se ha procedido así con la de Pedro Maitola, donde hoy se emplaza el Polideportivo y el Terrero de Luchas de La Montaña; con la de Juan Daniel Mendoza, convertida en un aparcamiento; o con la de José Mederos, en la que disponemos del Campo de Fútbol de Cañada Honda, que lleva el nombre de Sebastián Tacoronte Rodríguez.

Ante todos estos proyectos, hay un hecho que quiero resaltar. Cuando hablamos de Cañada Honda, siempre se nos escapa la expresión de “Allá-tras, en los rolizos”. Poco a poco, esta expresión tiende a desaparecer, no sólo por la integración que se va produciendo con la amplitud de las calles y la fabricación de viviendas que acercan al casco, sino por las nuevas numeraciones de sus viviendas. Permítanme que recurra a un símbolo. Todos sabemos que el cifrado de las calles siempre se ha desarrollado a partir del edificio del Ayuntamiento. Actualmente, quien representa al municipio, su dignísimo Alcalde, don Teodoro Sosa, ha fijado su residencia en el lugar de sus raíces, en Cañada Honda. La numeración, a partir de ahora, comenzará desde Cañada Honda hacia el resto de la ciudad. Por supuesto, se trata de una broma. Pero no es cosa de burla recordar que Cañada Honda, desde sus orígenes, ha desempeñado una función de gran importancia en la economía de Gáldar, por medio de la caña de azúcar, la pesca y la cantería de sus pedreras, aprovechadas estas últimas como estanques de agua que riegan las grandes extensiones de platanares.

También se ha destacado Cañada Honda por el compromiso social y político de sus gentes. Una prueba es este hermoso salón que hoy disfrutamos, así como la presencia de varios vecinos y vecinas en las tareas públicas de nuestra ciudad, como concejales: Roberto Suárez Melián, Domingo Díaz Cordero, Genoveva Pérez Moreno y su hija Yolanda Pérez Pérez, María Teresa Sosa Martín y Francisco Sosa Gil. De seguir el proceso, los que vamos a estar “alla-trás” son los que no vivimos en Cañada Honda.

Es peculiar, igualmente del barrio la originalidad de sus actos festivos. Entre ellos, el “Maratón Popular”, que, desde 1985 y durante unos siete años, dirigió uno de los primeros secretarios de la Asociación, Jaime González Rodríguez. A las nueve de la mañana, los participantes, en número a veces llegaba a sesenta, partían desde el local vecinal hasta La Atalaya de Guía, y regresaban al punto de partida. Se repartían interesantes premios para hombres y mujeres en cada una de las tres categorías: menores de dieciséis años, de dieciséis a treinta y mayores de treinta. No sólo del maratón se encargaba Jaime: lo veíamos también “altavoz en ristre” anunciando las verbenas y todos los actos organizados. Se trata de una persona volcada desde siempre en las actividades socioculturales. Una persona que no debemos desaprovechar. Por eso, lo único que se me ocurre decirle a Jaime, inspirándome en la propaganda del turrón navideño es: “Vuelve a casa, Jaime, vuelve y pon en marcha nuevamente tus famosos maratones”.

Esta Cañada, que por estas fechas está a la “punta-lante” de Gáldar, está en fiestas. Por ello yo les invito a los que hoy están presentes en esta sala y a los que me escuchan a través de los medios de información, que no dejen de acercarse algunos de los días que quedan hasta el final. Como les comenté, comenzaron los actos el pasado día 31 de mayo, con la izada de las banderas. Desde ese día, está abierta una preciosa exposición de fotografía que recoge, de manera fehaciente, la historia de La Montaña, con sus pagos de Palma de Rojas y Cañada Honda. Desde el día 6 de junio, contamos con nuestra Reina de las Fiestas y sus Damas de Honor, que hoy han sido coronadas y que me arropan en esta disertación: Cataysa Pérez Jiménez, Rosalía Quintana Gutiérrez y Ariana Hernández Santana. Hemos celebrado escalas en hi-fi infantil y de adultos, karaoke, campeonatos de subastado y de parchís, actividades para niños, representaciones teatrales, exhibiciones de ballet. Pero todavía quedan actos importantes. Mañana, sábado, día 21, a partir de las siete de la tarde, nos encontraremos todos en un asadero popular, que contará con la actuación de siete grupos folclóricos, y que solamente se interrumpirá sobre la una de la mañana del domingo, para disfrutar de la exhibición pirotécnica que se ha encargado a la empresa “San Miguel” de Valsequillo.

El domingo, día 22 de junio, será el dedicado a nuestra patrona, Santa Teresa de Jesús, aunque generalmente se la conmemora el 15 de octubre, coincidiendo con el día de su sepelio en el año 1582 contando 67 años. Se dice que la Santa enterrada en un día que no aparece en el calendario, al fallecer el día 4 y ser enterrada al siguiente, fecha trastocada debido a la reforma del calendario decretada por el papa Gregorio XIII, para corregir un error que venía arrastrándose desde muchos años. Se dice que la Santa de Ávila había pronosticado este cambio, y reflejándolo en sus versos:

Vivo sin vivir en mí,

y de tal manera espero

que muero porque no muero.

Cañada Honda, respetando las fiestas de otros barrios, que las comienzan con anterioridad, las celebra siempre el tercer domingo del mes de junio, aunque este año, por ser bisiesto, quedaron trasladadas al cuarto.

Agradezco a Antonia González que me haya hecho llegar una preciosa publicación: La Vida de Santa Teresa del P. Crisógeno, que ya va por la duodécima edición, y que recomiendo a todos los que me escuchan. Antonia se preguntaba en su pregón del 2005: “¿Quién no conoce a Santa Teresa de Jesús? “ Daba por hecho que todos la conocíamos. Aunque la conozcamos, Antonia, se nos olvidan muchas cosas de ella, especialmente que, el 27 de septiembre de 1970, fue proclamada primera doctora de la Iglesia, y que, al trascender su obra literaria el tiempo y el espacio, cinco años antes, en 1970, fue declarada patrona de los escritores españoles. Mira por dónde, y permítanme el atrevimiento, es mi patrona, y yo no lo sabía. Se dice de la Santa que su espíritu y su imaginación estaban cargadas de luz y de fuego, que le salían fulgurantes por la pluma.

Como cierre quiero traer aquí una de sus más preciosas enseñanzas: la que se refiere a la sencillez del alma, que nos lleva a hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días, y tener detalles de amor con los que nos rodean. La grandeza de la Santa se nos muestra cuando decía: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.

La ponderación de sus restantes y numerosas virtudes quiero reservarla para nuestro reverendo párroco don Vito Ondó Motoso, puesto que el próximo domingo día 22, a partir de las doce horas, nos reuniremos aquí, en la explanada de la pedrera, donde está ubicada la hornacina de nuestra patrona. Se oficiará la Santa Misa y, a su finalización, iremos todos en procesión acompañando a Santa Teresa por las calles de nuestra barriada, demostrando así que no nos avergonzamos de manifestar al mundo nuestra fe cristiana, como así lo hiciera ella. Allí debemos estar todos. Pero antes, quisiera que conmigo le digamos a la Santa, con gran alegría: ¡Viva Santa Teresa de Jesús! Muchas gracias, y hasta el domingo si Dios quiere.

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