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25 Junio 2008

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE CAÑADA HONDA (I)

Por: ANGEL RUIZ QUESADA

Su Majestad Reina de las Fiestas, Ilustrísimo Señor Alcalde, Señoras y Señores Concejales del Excelentísimo Ayuntamiento de Gáldar, Señor Presidente y Junta Directiva de esta Asociación, Socios en general, familiares y amigos:

Nuestros mayores nos recuerdan en muchas ocasiones que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Por ello, y antes de comenzar, quiero agradecer sinceramente a esta Asociación de Vecinos, la honrosa invitación que me ha hecho: la de ser su pregonero en estas fiestas, que comenzaron el pasado 31 de mayo con la izada de banderas en esta sede.

Entre ellas, este año se ha expuesto por primera vez la propia de la Asociación, un hermoso anagrama ideado y diseñado por el actual presidente Juan Agustín López García. Posteriormente, Juan Santana Delgado captó la idea, y sus manos de artista realizaron, en acrílico sobre madera, el escudo representativo de la Entidad. Entre los dos han conseguido que todos los utensilios de nuestros pedreros queden inmortalizados: pico, sacho, balde, cacharrillo, cuña, marrón, barra, escoda y regla de medir. Y además, dos cuervos. Ningunos de los de La Montaña olvidaremos aquellos “Cuac…cuac”. Recordarán cómo nuestros mayores los relacionaban con “avisos de lluvia”, o incluso “avisos de muerte”; indudablemente por ello les calificamos de pájaros de mal agüero. Los colores que escogió Juan fueron el marrón y el beis, los de nuestra cantería. Todo ello bajo la corona de nuestro Rey, Fernando Guanarteme.

Entiendo que mi nombramiento habrá supuesto para algunos una sorpresa, puesto que estas decisiones siempre corresponden a la Junta Directiva a propuesta de alguno de sus miembros. Cuando le pregunté al presidente quién me había propuesto, me respondió: “¿Que quieres que te diga, Ángel? Cuando pensábamos en la elección, lo sugerí a Pinito. Ella me apoyó sin dejarme terminar. Luego lo propuse al resto de la Junta, y todos coincidimos en lo mismo: tú eres el que lo mereces, ya que siempre nos has ayudado en todo lo que has podido donde quiera que estuvieras”.

Por eso estoy aquí, y quiero agradecerlo a quienes representan a esta Asociación: a su presidente, Juan Agustín López García; al secretario, Eugenio Jordán Rodríguez; a la vicepresidenta, Josefa Montesdeoca Ramos; a la tesorera, Lucía Santana Sosa y a los vocales, Dolores García Betancor, Dionisio García Montesdeoca, Gregorio Jiménez Molina, Francisco Martel Corujo, José Moreno Cabrera, Candelaria Pulido Medina, María del Pino Ríos Quintana, Pino Santana Molina, Alejandro Santana Pérez y Francisco Vega Melián.

De todos es sabido que los pregones se han convertido en el más fiel reflejo de la historia de los pueblos. Cañada Honda está creando la suya y por eso han pasado por esta tribuna, de acuerdo con los datos que han llegado a mi poder, unas diecinueve personas. Es decir que soy el vigésimo pregonero. No obstante, quiero advertir que, en los primeros años no se hicieron programas de los festejos. Por ello, si alguno de mis antecesores no figura en la relación que voy a citar, ruego que se comunique tal circunstancia a la Asociación; en caso contrario, podremos dar por definitivos estos datos.

Ya le he propuesto al presidente que el próximo año, dentro de los actos que se programen, figure una convocatoria general a todos los que han sido pregoneras y pregoneros, con la especial finalidad de que faciliten, para los archivos de la Asociación, los textos de sus discursos. Con el tiempo, y cuando exista en nuestra administración municipal una situación económica que lo permita, serían la fuente esencial de un libro que recoja toda la historia de esta barriada.

Por otro lado, resultaría particularmente entrañable otra convocatoria, dirigida ésta a las reinas de las fiestas.

De acuerdo con los datos disponibles, el primer pregonero de las fiestas fue mi recordado y buen amigo Roberto Suárez Melián. Coincidimos en las labores públicas de nuestro Ayuntamiento y en las culturales de nuestro municipio, ya que ambos éramos concejales y miembros del Grupo de Teatro Ajódar. Vivía justo al final de la Cañada, donde acaba la calle Santa Teresa de Jesús y se enlaza con la entrada a Caleta de Arriba. Aunque yo nací en La Montaña, donde actualmente tengo mi domicilio, en la calle Delgado número dos, también residí en las Casas Baratas de San José Artesano, es decir, al comienzo de la misma Cañada. En el número veinticinco del bloque segundo habitamos los míos y yo desde junio de 1970 hasta diciembre de 1980, poco más de diez años. Allí participamos en las fiestas que se organizaban en honor a Nuestra Señora de Fátima.

Por aquellas fechas, no existían las asociaciones vecinales de Tricornia, Caleta de Arriba y Cañada Honda. Todos éramos vecinos de La Montaña, que puede considerarse la madre de esas barriadas y sus correspondientes asociaciones.

Hasta la fecha, la mayor parte de los pregoneros han sido hijos del barrio. Aunque yo sea natural de La Montaña, con los datos expuestos permítanme que les hable también como uno más de Cañada Honda.

Después de Roberto, pregonó en 1990 Domingo Díaz Cordero. En 1991, Juan Montesdeoca Ramos. En 1992, se le encargó el texto a Genoveva Pérez Moreno, fallecida antes de poder realizarlo; fue su hija, Yolanda Pérez Pérez, a quien se menciona en el programa, la encargada de hacerlo. En 1993, nos dirigió la palabra José Antonio Quesada Ríos, del que tengo un excelente recuerdo con motivo del rodaje de su primera película La trapera (Secuencia del fuego) en El Cardonal, con la participación de los miembros de mi colectivo cultural, en el verano de 1977. Se trataba de una filmación que presentó para su licenciatura en Ciencias de la Información. José Antonio no ha querido proyectar esta película a causa de su modesta factura. Desde aquí le dirijo una petición para contar con ella en las fiestas del próximo año en su barrio.

Este pregón fue simultáneo a la llegada del nuevo párroco de La Montaña, don Juan Marrero Hernández, que relevaba a don Pedro Monzón Suárez. En l994, ocupó este estrado Mariluz López García. En 1995, Carmelina Santana Molina. En 1996, María del Carmen Betancor Jiménez. En 1997, María Delia Quesada Ríos. En 1998, Pilar de los Reyes García Rodríguez. En1999, nuevamente Juan Montesdeoca Ramos. En 2000, José Luís Tacoronte García. En 2001, Pinito Santana Molina. En 2002, la alocución escrita por Eustaquio Pérez Martín fue leída por su hija Paqui Pérez Cabrera. Llegaba, mientras tanto, otro párroco, don Carlos María Marrero Moreno. En 2003, fue el turno del “incombustible” José García Moreno; como en el diccionario concede varias definiciones a esa palabra, quiero aclarar que la que le aplico es la de persona que no se agota y muestra perseverancia en su tarea a pesar de los inconvenientes. María Teresa Sosa Martín intervino como oradora en 2004, dando la bienvenida al actual párroco, don Vito Ondó Motogo. Oímos a Antonia González Santana en 2005. En 2006, a Francisco Sosa Gil. Y por último, el pasado año, a mi cuñado Antonio Molina Martín, actual propietario del establecimiento que perteneció a mi suegro, conocido por todos como el “Molino de Bartolito”

No cabe la menor duda que todos han efectuado su aportación a la historia. Yo también quiero contribuir y por ello he confeccionado este pequeño trabajo, no sólo con todo el cariño que le tengo a mi ciudad y a sus barriadas, sino también con el rigor que merece cada una de ellas; en este caso, Cañada Honda.

Ustedes recordarán que no hace mucho, cuando pregonaba las fiestas de nuestra ciudad, hacía una mención a cada núcleo de población, a propósito lo que más me ha llamado la atención en cada uno de ellos. Cuando hablaba de este bonito rincón, decía concretamente: Cañada Honda, congregada en torno a su preciosa imagen de Santa Teresa de Jesús, ya cuenta con un gran edificio social. Desde hace muchos años, celebra durante los meses de mayo y junio numerosos actos. Sé que son muchos los vecinos que colaboran en estas fiestas, pero quisiera representarlos a todos en una mujer incansable, Pinito Santana Molina. Con su enorme entusiasmo, y sin que nadie le obligue, está todo el año gestionando todo lo que su barriada precisa.

Con toda seguridad los que me escuchan saben que no me equivocaba, porque si alguien, se lo merecía era ella. Y digo esto sin menospreciar, naturalmente, a nadie, puesto que tratándose de una asociación con mas de trescientos socios en activo, la colaboración de muchos de ellos, aunque no se destaque, es tan necesaria como la del mismo presidente, llámese éste Alfredo que fue el impulsor y ocupó casi diez años el cargo, o llámese Juan que lleva nada menos que diecinueve años al frente de la entidad. Puede también citarse a Juan Santana Delgado que, desde hace cuatro años, prepara para el barrio un belén que en nada desmerece del municipal. Entiendo -permítanme decirlo en mi argot teatral- que todos, desde el director y el primer actor hasta el acomodador, son igualmente necesarios; todos son eslabones que tienen que estar unidos, sin fallar ninguno, para que la cadena no se rompa.

Pero he de resaltar que Pinito -quien más ha contactado con mi mujer y conmigo- no se limita a esperar las fechas de las fiestas, sino que está todo el año ocupada en toda clase de gestiones para la Asociación. Cuenta con el primer carné de la Comisión de Festejos, extendido por el anterior presidente. Me ha entregado varias fotografías antiguas destinadas a mi libro Las Vueltas de mi Plaza, para el que he podido llevar a cabo numerosas entrevistas, gracias a su recomendación. Aprovecho para agradecérselo públicamente.

En una de sus visitas, me anunció, con gran entusiasmo e ilusión, que esa tarde empezarían en su entidad vecinal las clases de corte y confección impartidas por la Universidad Popular. Tenía yo entonces en mi casa una interesante publicación de Ricardo Reguera Ramírez, Las Indumentarias de Lanzarote; sin pensar si tenía la posibilidad de encontrar otro, le dije:

- Tome Pinito, aquí tiene un buen regalo.

- ¡Qué bien! Esto lo pongo en la Asociación.

- No, Pinito Esto es para usted.

- No don Ángel, Yo lo pongo en la Asociación. Y ahora mismo se lo voy a enseñar a Carmen la profesora.

- Bueno, Pinito. Usted siempre será la misma. ¡Haga lo que quiera!

Otro día, cuando le pregunté si había nacido en Cañada Honda, me indicó que llegó aquí siendo una mocita de casi quince años. No habían entonces pedreras, sino solamente tres convertidas en albercones con agua: las dos que están al final, conocidas por “las de los Suárez” y la que está empezando el camino, “la de los Guedes”. Su venida se debió su tío Juan Molina Aguiar, conocido por “Juan el Brígido”, siendo un jovencito solía acudir con varios amigos a estos andurriales a echar a volar las cometas. Tanto le gustaron la tranquilidad y las hermosas vistas, que compró un solar y fabricó su casa. A esta casa llegó a vivir Pinito en torno al año 1950.

Este relato me ha llevado a reflexionar sobre el gran interés que despertaría la organización de un concurso de cometas en el marco de las fiestas del barrio, cuyo nombre evocaría la memoria de Juan Molina Aguiar. Como sucede en las Fallas de Valencia, la obra ganadora pasaría a engrosar una exposición. Una promoción adecuada serviría para atraer muchos participantes. Antiguamente, para fabricar las artesanías voladoras, solo contábamos con cañas, “hilocarreto”, papel y pieles de papas o plátanos como adhesivos. Hoy, afortunadamente, podemos permitirnos comprar pilas y bombillos, ante la posibilidad de vuelos nocturnos. Sería maravilloso ver las luces en el cielo, confundidas con la de las estrellas. Ya le he planteado esta idea a un vecino y conocido “cometero”, Manuel González Díaz, que está dispuesto a colaborar para ponerla en práctica.

Además, estoy seguro de que coincidirán conmigo en que Pinito en persona merece un debido reconocimiento, ya que ella representa dignamente a todos esos que, como referí antes, permanecen en el anonimato, porque tiene un “déjame entrar” ante el que nadie se atreve a negar nada. Por eso pregunto: ¿A qué se está esperando para rendirle un justo homenaje oficial? A título meramente personal, estimo que la bajada que tenemos a la entrada de este salón podría denominarse “Bajada de Pinito” y que una placa en el jardín daría fe de su entrega a esta barriada, tal como se procedió con Enriquito el Yerbero y con Bartolito el del Molino. Hágase lo que se haga, aprovechemos que todavía está entre nosotros.

Y si de reconocimientos hablo, ¿como es que todavía no se ha acometido el que corresponde a esta Asociación? A veces, han sido las propias asociaciones las que se han autorreconocido. Sucedió así con la colocación en esta sede de una placa con motivo del vigésimo quinto aniversario de la entidad, en la que se cita a distintas instituciones. Sin embargo, no tengo noticias, de que alguna administración, llámese regional, insular o local haya mostrado una justa deferencia. Creo que aún estamos a tiempo. Como puede verse, en tan solo veintisiete años, los vecinos de esta Cañada han pasado a disfrutar de un espacioso local, dotado de un magnífico mirador acristalado, inspirado en los de César Manrique. Nuestra corporación municipal, acertadamente, ha comenzado este año a otorgar distinciones en este sentido; la primera ha ido, con justicia a Barrial. Esperemos que una de las próximas venga a Cañada Honda.

Aquí tiene su sede la escuela de adultos, se imparten clases de apoyo, de informática, de ocio y tiempo libre y de ayuda a la familia; se han realizado cursos de cocina, y actualmente, como ya hemos dicho, se imparte uno de corte y confección.

Es particularmente triste, que a estas alturas, se deba seguir recurriendo a los juegos de azar para afrontar los gastos que conllevan las actividades vecinales, corriendo grandes riesgos ante las autoridades. ¿Es que no hay otra solución? Entiendo que las instituciones no deben limitarse a colaborar cuando llegan las fiestas, con detalles puntuales. Como acostumbra a decirse de los grupos folclóricos, no solo hay que pensar en el coste de las actuaciones, sino que ha de considerarse que, durante todo el año, se requiere el mantenimiento de los instrumentos y la disposición de un local social. La mayor parte de los que nos dedicamos a la cultura, invertimos en ella nuestro tiempo de ocio, sin esperar remuneración alguna. Lo hacemos porque nos gusta, y especialmente porque queremos dar a los que nos siguen algo mejor de los que hemos recibido. De este modo, la mayor parte de las sedes de los colectivos culturales de nuestra ciudad están instaladas en domicilios particulares. Hago constar que no persigo el objetivo de que se retiren tales juegos, sino que se practiquen en las asociaciones precisamente como juegos, no como obligaciones. Es fácil ver a algunos presidentes cantando los números, como si de un bingo se tratara, porque no queda más remedio. La consecuencia es la desmoralización, al impedir estos menesteres que se dedique tiempo a los propios asociados, organizando actos socioculturales, que es el objetivo principal para lo que se crearon estas entidades.

Recuerdo a este respecto la conversación que sostuve con el anterior presidente, Alfredo Pérez Moreno. Perdió su puesto por falta solamente de tres votos: el de su mujer, Pura Pérez Diepa; el de Alfredo, su hijo y el de su hija María Dolores. Me imagino la decepción recibida ese día, pero también la alegría soterrada de su familia: lo habían recuperado. Me atrevería a decir que fue María Dolores, conocida de toda la vecindad, quien más lo agradeció, pues desde entonces, volvió a disfrutar no solo de su madre y de su hermano sino también de su padre, en cuya compañía acostumbramos a verla sentada en cualquier banco de la plaza, Su actitud pacífica y cariñosa durante el buen rato que pasé en su casa me impresionó bastante, así que desde aquí ¡muchas gracias, Maria Dolores!

Esto nos debería llevar a reflexionar, para la búsqueda de la mejor solución, y que al actual presidente, Juan Agustín López García no le pase factura su familia. Juan no sólo se ha entregado durante diecinueve años a la vecindad, sino que, por su cargo, ha visto peligrar en más de una ocasión su puesto de trabajo, porque es sabido que únicamente ciertos presidentes (hoy, afortunadamente, bastantes) pueden obrar con plena libertad en aquellas cuestiones que contrarían al grupo municipal gobernante. Desgraciadamente, aún tenemos que oírles decir: “Yo no soy de ningún partido político, yo me debo a todos”. Creo que nuestros gobernantes deben dejarles claro que contarán con su confianza para colaborar en cualquier asunto, con independencia de su libertad para pertenecer a un partido u otro.

También se les debe ayudar para que en ningún momento sus familias se vean en la situación de la de Alfredo, tenemos que lograr que la mujer de Juan, Eduvigis Guedes González, y sus cuatro hijas -Eduvigis, Juana Teresa, Mari Cruz y Yurena- no sólo le animen, sino que le ayuden, como ya le ayudó Mari Cruz en la secretaría.

Quisiera hacer una llamada de atención para decir que no son los presidentes los únicos que terminan consumiéndose en la entrega. Me atrevería a decir que otro tanto ocurre, en mayor grado, con las secretarias y secretarios. Por esta Asociación ya han pasado trece ocho mujeres y cinco hombres. La figura del Secretario es tan importante como la de los propios presidentes, pues de ellas y ellos depende la recogida de todas las opiniones que, ante cualquier asunto, manifiesten los miembros de la Junta Directiva o la Asamblea de Socios, dando fe de las mismas en las actas de modo comprensible. Y las actas son los instrumentos necesarios para la mayor parte de los investigadores ya que en las mismas está recogido el reflejo más fiel de la historia de cualquier institución, pública o privada. Por todo ello, debo enumerar sus nombres: Gema Moreno Hernández, Jaime González Rodríguez, Mari Carmen Betancor Jiménez, Paulino Quesada Ríos, José Luís Bolaños Reyes, Mari Delia Quesada Ríos, Conchy García López, Mari Cruz López Guedes, Claudia González Calcines, Francisca Gutiérrez, Heriberto Peña Jorge, Alejandro Santana Pérez y el actual Eugenio Jordán Rodríguez.

Pero aquí no hemos venido para enunciar problemas, aunque no está de más que de pasada recordemos algunos. Hoy estamos aquí para pregonar las fiestas que en honor a Santa Teresa de Jesús, con enorme ilusión, ha preparado la comisión que se ha elegido al efecto, y que no es otra que la propia directiva de la Asociación. Se busca, sobre todo, que toda la vecindad de esta Cañada, que por cierto es la más honda que tiene nuestra montaña, haya hecho un parón en sus quehaceres, o al menos éstos queden amenizados durante casi dos meses por buena música y por buenos actos culturales, en una palabra, por una buena fiesta. Siempre se puede buscar un poco de tiempo para participar, ya que se ha confeccionado un amplio abanico de posibilidades en las horas más asequibles a todos. Y si alguna que otra mañana, debido a la asistencia a un acto el día anterior, se nos hace pesado el levantarnos, ya habrá hora de que podamos recuperarnos, porque “lo que se hace solo una vez al año no hace daño”.

Pero antes de extenderme en hablarles de los actos que se celebrarán, y haciendo honor a lo que dije al principio en relación a los pregones, quisiera exponerles mi humilde aportación a tantos y tantos trabajos preciosos que se han leído aquí.

Decía antes que esta Cañada es la más honda de La Montaña, refiriéndome naturalmente a nuestro Municipio, pues quizás tenga parecidas dimensiones la de Matas Blancas, nuestra vecina de la Atalaya de Guía. Una y otra acaban en el mar, en forma de laderas con grandes llanuras. Tal vez éste fue el motivo que llevó a José Zacarías Batllori y Lorenzo a publicar, en 1898, aquel interesante artículo que forma parte de nuestra historia Batalla de Ajódar y Conquista de Gáldar. Con toda seguridad, por aquí rodó el cuerpo de Miguel de Mújica cuando, después de desembarcar en la Caleta de Arriba, se dispuso a acometer a los canarios que se habían atrincherado en nuestra montaña, conocida en aquel entonces como Monte Ajódar. Aunque algunos amigos me insistan en que se trata de una historia idealizada, yo sigo convencido de que Ajódar es esta montaña. En una reciente charla a la que asistí en La Escuela de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en Gáldar, el doctor en Historia Moderna don Pedro Quintana disertó sobre Los ingenios azucareros y su impacto en el medio ambiente a partir del siglo XVI, afirmando que la madera utilizada para los pilares y canales de los ingenios de Guía y Agaete se extraía de los alrededores de esta montaña. Naturalmente, se trataba en una época en la que se recibía nieve por el día y bruma helada por la noche. El artículo dice así: con sus soldados y ballesteros y con un valor que le cegó, trepó por la pendiente de la montaña; y como a la primera trinchera hecha en la gruta que llaman Diego Herrera, donde ardían inmensas hogueras no encontrase a nadie, pasó atrevido con los suyos el segundo parapeto, pero al asaltar el tercero, salieron los galdarenses dando grandes gritos y silbidos y con el arrojo y fuego de su sangre comenzaron a arrojar sobre los españoles afilados pedernales y balas de piedra que salían de sus hondas como bala mortífera, grandes troncos de árboles, piedras y moles de tierra desprendidas del risco, que al rodar con gran velocidad, convirtieron las faldas del monte en horrible carnicería corriendo por sus flancos verdaderos arroyos de sangre.

Quizás por este motivo, los vecinos de esta Asociación tomaron la feliz iniciativa de recurrir a al patronato de Santa Teresa de Jesús. Así se justifica que todos los años, junto a Nuestra Señora de Fátima en La Montaña y Nuestra Señora del Mar en Caleta de Arriba, estas laderas que vieron correr aquellos arroyos de sangre, sean impregnadas por el agua bendita que se derrama en ellas y por el sagrado incienso, durante las procesiones que se celebran en los meses de junio, agosto y octubre de cada año en las que cientos de fieles ruegan a Dios por las almas de los caídos, hermanos nuestros unos y otros.

Desde el mes de agosto de 1980 se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Mar, realizada en polvo de mármol y pasta de papel, en Caleta de Arriba, bellamente entronizada en una barca obra del vecino de esta barriada Salvador Martel Pérez, “Salvadorito” También se encuentra en una hornacina labrada por nuestros canteros en los acantilados junto al mar, desde allí vela pacientemente por todos los pescadores de esta Cañada: Juan Daniel Ortega, con sus hijos Manuel, Domingo, Marcelo, Santiago, Juan y Estéban; Rafael Macías y Lorenza, con sus hijos Domingo, Santiago, Juan, Antonio, Lorenzo, Pepe y Candelaria; Carmelita Montesdeoca, Santiago y Paca.

Tres años más tarde, en 1983, llegaba la imagen de Santa Teresa a Cañada Honda. Al igual que la de Caleta es del autor Juan Borges Linares, y se encuentra bellamente esculpida en un tronco de eucalipto rojo de ciento treinta kilos. Creo recordar que Antonio Sosa Perdomo, fue quien la trasladó hasta la Iglesia de La Montaña para recibir la bendición. Fue apadrinada por don Damián Martín y su señora. Quien guarda un recuerdo marcado de este día es Juan José Montesdeoca Suárez, al que un volador mal prendido le dejó sin parte de un dedo; seguro que cada vez que se santigua, recuerda esa ocasión. También aquí nuestros canteros le cavaron la correspondiente cueva en los gruesos muros de una cantera.

Pero si nuestros canteros están unidos a estas dos imágenes, más vinculación aún tienen con la de la patrona de las dos barriadas de La Montaña, Nuestra Señora de Fátima, que nos acompaña desde el año 1953 y que también costó lo suyo que pudiera tener para su propia iglesia. El amigo Isidro Pérez Guillén, uno de los primeros organizadores de las fiestas, me recordaba que los cantos para construirla los sacaron de la pedrera de Los Aguilares. Habían cinco cuadrillas, y don Francisco Hernández Benítez, el cura de la ciudad, comprometía a todos ellas a aportar diecisiete cantos cada una, semanalmente, para la iglesia. Ahora esta imagen permanece relegada en un rincón de su sacristía. Desde esta tribuna, vuelvo a hacer una llamada a quien corresponda. Ojala las casi dos mil firmas recogidas sean capitaneadas con valentía por el nuevo párroco don Vito, a fin de que la verdadera figura de Nuestra Señora de Fátima vuelva al sitio que le corresponde. Reconozco que estas cosas ponen a más de uno incómodo, pero soy de las personas que piensan los asuntos se han exponer a la cara, sin escondernos detrás de nada o nadie, entendiendo que ésta es la correcta postura de un buen cristiano.

El tiempo ha pasado. Este gran espacio reunía, no hace muchos años, enormes canteras donde nuestros padres se ganaban el sustento. Aún permanecen en nuestras retinas aquellos forzudos hombres con camisas de muselina de mangas cortadas a la altura del hombro, y con pañuelos de puntas anudadas a la cabeza que les servían de sombreros para atajar el calor. También permanecen en nuestros oídos aquellos profundos “quejidos” que se cruzaban entre los obreros de las distintas canteras, incluso hasta de noche a la luz de faroles o quinqueles, coincidiendo con los golpes del marrón: “Jum… jum… jum…” ¿Recuerdan? A muchos nos retumbaban con dolor en el pecho.


Las Pedreras eran conocidas en ocasiones con nombres fantásticos, extraídos de títulos de películas de la época: El Infierno Verde. La Isla Perdida. Así mueren los valientes. Otras veces, con nombres de los propios dueños: Agustín López, Antonio el Obrero, Bernardino Reyes, Juan García, Juan Daniel Mendoza, Juan Ramos, José Delgado, Lorenzo Pérez Marrero, los Cardona, los Molina, Pedro García, Pedro Hidalgo, Perico el de Cipriano y Ramón Aguilar,

Muchas eran las familias que se dedicaban a esta profesión. Me atrevo a decir que casi todas las de La Montaña. Y con la seguridad de dejar muchos nombres sin mencionar, no por propia voluntad sino por falta de datos, quiero que se acepte la relación que sigue como libro abierto, para que los que no sean citados se incluyan sin reparo, a fin de que cuenten con el justo reconocimiento. He elaborado esta lista a partir de las informaciones recibidas de los propios canteros y de dos interesantes trabajos: Los Canteros, de J. Enrique Ruiz Moreno, profesor del Aula de Adultos de Cañada Honda y Juan, Cristóbal, Pepe y Camilo, Herreros” de Juan Eugenio García del Pino. Fueron canteros: Agustín López Perdomo, con sus hijos Juan, Antonio y José López García; Antonio Díaz, junto a sus hijos: Antonio, Juan, Lorenzo y Tito; Antonio Monzón, Alfredo Pérez, Bartolo Bolaños Bolaños, Constantino Arbelo, Domingo Pérez Morales, Domingo Rodríguez Ferreras; Esteban Álamo y sus hijos Esteban, Antonio y Gregorio; Esteban Martín Vega, Francisco García Suárez, Francisco Monzón Mederos, Francisco y Antonio Tacoronte González, Isidro Mederos Mederos; Isidro Pérez Perdomo, además de sus hijos, José, Cristóbal, Andrés. Isidro, Antonio y Pepe Luis Pérez Guillén. Me recuerda este último, que él solo, provisto de pico, sacho y balde, hizo un túnel de unos treinta metros, para colocar la bomba de agua en el futuro estanque. Prosigo la enumeración con José Tacoronte y su hijo Manuel, Juan Gutiérrez Padrón, Juan Ramos Mendoza, José Castillo, José Pérez Diepa, José Mendoza García, Isidro Mederos, Luis Mederos, Manolo Quesada Alonso; Marcos, Eugenio y Manuel Rodríguez González; Pedro García Suárez, Pedro García Reyes, Pedro González, Pedro Sosa Reyes, Ramón Benítez Orihuela con sus hermanos Manuel y Juan, Ramón Benítez Vega, Ramón Pérez Pérez, Vicente Luján, etc.

- Continúa en siguiente artículo -

servido por jarutaco 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

juancarlos primero

juancarlos primero dijo

"Su Majestad Reina de las Fiestas, Ilustrísimo Señor Alcalde...", en fin...

25 Junio 2008 | 11:50 AM

jarutaco

jarutaco dijo

Se ha abierto una categoría, en la columna de la derecha, con el texto completo del Pregón.

26 Junio 2008 | 01:58 PM

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