La única representante canaria en la final del concurso televisivo 'Operación Triunfo' congregó ayer a cientos de fans en Siete Palmas
Saray firma su primer disco en su cita con los grancanarios
Saray está secuestrada por la academia de Operación Triunfo. Pero ayer rompió su encierro para firmar discos a centenares de seguidores en El Corte Inglés de Siete Palmas. En la cola, de más de doscientos metros, también estaban sus padres, ansiosos por verla y darle un beso.
La representante canaria en el programa televisivo Operación Triunfo y, por ahora, favorita del público, Saray Ramírez, llegó a la tarima instalada junto a la puerta del centro comercial envuelta por una guardia pretoriana. La presencia de adolescentes enloquecidos así lo aconsejaban. Tras breves instantes de empujones y codazos incontrolados, todos encontraron su hueco para poder ver a la nueva estrella de la Maxorata.

Emocionada, reconoció sentirse muy nerviosa. «Muchas gracias a todos. No esperaba que viniera tanta gente», comentó entre risas. «Ahora, vamos a divertirnos», concluyó la concursante apremiada por el hombre vestido de verde y con cara de pomelo que se sentaba a su siniestra para intentar que los diálogos con sus fans y amigos fueran lo más breve posible.
Sus padres estaban allí, como el resto de sus seguidores. Desde las 15.45 hicieron cola para poder ver a su hija. «Al menos he podido darle un beso. Para nosotros es suficiente», comentó su madre sin quitarle el ojo de encima a su niña.
No fueron los únicos que quisieron aprovechar la ocasión para verla. Sus compañeros de la universidad, sus amigos, e incluso el alcalde de Tuineje, Gonzalo Báez, acudieron al breve encuentro.
Su padre también estaba emocionado. «Antes Saray era la hija de José Ramírez. Ahora, José Ramírez es el padre de Saray», afirmó sonriente mientras atendía a los periodistas que, al igual que él, sólo podían ver a su hija de lejos. Ayer no sabía si, tras la firma de discos, tendría ocasión de estar con ella. De hecho, tampoco sabe si Saray podrá pasar la Navidades en casa. «Nos enteramos de todo dos días antes», indicó sin perder la sonrisa.
Orgullo canario. El primero en arrancarle el beso prometido fue Iván Reboso, un joven de 16 años que llevaba apostado junto a la tarima desde las 13.30 horas, cinco horas antes de que comenzara el acto. «Es una de las primeras chicas que triunfa por su voz, no por su apariencia. La gente la apoya. Estamos orgullosos de ella», comentó este chico que confiesa haberse gastado el saldo de su móvil enviando mensajes de apoyo a Saray.
Tras él, la joven intercambió su firma por besos, abrazos, palabras de ánimo y ositos de peluche de sus seguidores, ante un público que se mantenía con la mano alzada y el móvil con cámara en ristre para captar cualquier gesto de la nueva diva.
