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Categoría: PREGON DE LAS FIESTAS DE CAÑADA HONDA, POR ANGEL RUIZ Q

25 Junio 2008

Pregón de las Fiestas de Cañada Honda. (y II)

- Viene de artículo anterior -

Por: ANGEL RUIZ QUESADA.

Entre ellos formaban grupos bajo la denominación de “cuadrillas”, que yo suponía formadas por cuatro hombres. Pero, en realidad, sumaban tanto cuatro, como cinco o hasta ocho. Entre ellos se repartían los encargos del pico, del sacho o el rastrillo, de la cesta o baldes de hierro, de la barra o leva, de las cuñas, del marrón, de las planchas, de la mandarria, de la escoda junto a la regla, etc. Todo para sacar cantos de doce, quince o veinte centímetros...

Me contaba José Manuel Román, una simpática anécdota de Ramón Benítez Vega, no muy dado a las cuentas. En cierta ocasión, al finalizar la jornada y recogiendo las herramientas, Isidro Pérez Guillén le preguntó:

- Ramón, ¿recogiste las cuñas?

- Sí, Isidro.

- ¿Cuántas hay?

- Están todas.

Yo recuerdo ver pasar a muchos de ellos, cargados de picos y escodas hacia la herrería de Maestro Juan, otros se dirigían a la de Santiago Santana Flores y su hijo, donde trabajaban Maestro Pedro y Pepe Guzmán.

De jóvenes, al llegar la época de montar los belenes, íbamos a las herrerías a recoger los sobrantes del carbón, que frecuentemente formaban fantásticas figuras y que utilizábamos para simular las montañas. Mientras esperábamos que se enfriaran, veíamos fraguar las herraduras de varios caballos que esperaban pacientes a ser herrados. También aquí se oían los “jipíos” de los herreros, que coincidían con el sonido del yunque.

Donde actualmente está situada la hornacina de Santa Teresa, se encontraba la pedrera donde hice mis primeros peninos como obrero. Duré muy poco, porque el balde de hierro me pesaba más que el escombro que había dentro. Quizás coincidí con los nietos de Agustín. Uno de ellos, Pepe el de Agustín, padre del actual presidente de esta Asociación, era uno de los mejores labrantes de la época. Junto a la imagen de la santa, también vemos hoy una plaza y una casa tapiada, que esperamos fervorosamente sea pronto objeto, en unión de la pedrera vecina de un acuerdo municipal de permuta.

La vivienda cerrada podría ser muy bien la “Casa del Pedrero”, un museo que se podría sumar al de la Cueva Pintada, al de Antonio Padrón, al de Arte Sacro y a los que se proyectan dedicados a Juan Borges Linares y al Molinero, ubicado este último en el Paseo Bartolito el del Molino. A este respecto, debo manifestar que he visto un letrero anunciando la venta de la casa donde se emplazaba el “Taller del Rubio”; todavía estamos a tiempo de conseguir las instalaciones del molino de agua que permanecen en sus sótanos.

Cuando consigamos todos estos objetivos, mediante una buena política sobre centros de exposición, despertaríamos sana envidia en otros municipios.

Afortunadamente, la profesión de los pedreros cuenta con dos hermosas dedicatorias. Una es la rotulaciòn de la Ssbida a La Montaña como de Avenida de Los Canteros; otra se encuentra a la bajada, y consiste en un precioso monumento originalmente diseñado por un vecino de esta barriadal profesor Cristóbal Guerra.

Debo recordar a este propósito que, en mi pregón a las Fiestas de La Montaña en el año 1988, propuse que la subida recibiera el nombre de “Avenida Gonzalo Fernández Parrilla”, con quien sigo creyendo que Gáldar tiene una deuda. Fue el primer titular que tuvo la parroquia de La Montaña, creada en tiempos difíciles. Logró aglutinar a toda la juventud y –lo que tuvo más importancia- comprometerla con la problemática social de toda la barriada, incluyendo en su actividad a toda Cañada Honda. Naturalmente, habría que buscarle otra vía para que contara con igual distinción que la de don Abraham González Arencibia.

Con referencia a los trabajadores de las canteras, estimo que puede hacerse algo muy factible, que ya expuse al anterior concejal de Patrimonio Histórico don Ricardo Reyes, y que podría considerar la nueva responsable del área. Al final de la calle de Santiago de los Caballeros, en el Lomo Cuarto, se halla la Cantera de Toba Volcánica; se trata de una parcela de algo más de mil metros cuadrados, con una excavación de cuarenta y cinco mil metros cuadrados y una pared de cerramiento, realizada con sillares de piedra de la propia cantera, de trescientos metros cuadrados. Su historia nos lleva a la construcción del Templo de Santiago y, más recientemente, al cerramiento de la Cueva Pintada. Esta cantera es propiedad del Gobierno de Canarias desde el año 1993. Estoy totalmente convencido de que una solicitud de nuestra Corporación a la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural, para la firma de un convenio orientado a la creación de un museo etnográfico y de una escuela de maestros canteros difícilmente obtendría una respuesta negativa. De este modo, se llevaría a la práctica aquella moción que el grupo municipal hoy gobernante presentó en el mes de noviembre de 2005: Que el Ayuntamiento regule mediante una Ordenanza Municipal, la protección de recuperación de todos los cantos de las fincas agrícolas y urbanas que contengan cantería galdense para impedir su destrucción.

Quiero situarme ahora ante las grandes llanuras con las que Cañada Honda linda con el mar. Sin pretenderlo, se han convertido en la nueva “Vega de Gáldar”, con grandes extensiones de cultivo de plataneras. Es una lástima que la preciosa vista que desde aquí abarcamos quede interrumpida por los enormes plásticos. Pero una cosa es el panorama que querríamos disfrutar, y otra la necesidad que obliga a esta situación.

José Manuel Román, hijo de esta barriada, gran aficionado a la música, es un joven barbero de hoy con clientes de ayer y de ahora, que continúa la interesante profesión de su padre Manolo Román, uno de los primeros vecinos del sector, que también formó parte del primer colectivo vecinal de La Montaña. Me decía José Manuel que, en Cañada Honda, unos se despiertan con el canto del gallo y otros, como él, con los balidos de las cabras. Lo dice porque su casa está situada frente a la de Teodoro Monzón Jiménez, más conocido por “Teodoro el del Estiércol”, que con su dignísima profesión y con la ayuda de su mujer, Carmen Viera Rodríguez, ha sacado adelante a sus hijos Antonia, Teodoro, Nieves y Carmen Rosa, así como a sus ocho nietos. Mi amigo el barbero y yo coincidimos en que es fiel ejemplo del trabajador incansable; no de las pedreras, en este caso, aunque ocupa una de ellas: “El Infierno Verde”. Es éste un apelativo que se ha vuelto muy oportuno, pues Teodoro es hoy uno de los más destacados especialistas en el tratamiento del estiércol ecológico, ya que se encarga de triturar todos los sobrantes de las podas de la comarca. Me van a permitir que le dedique aún unos instantes. Siempre le recuerdo al volante de un camión lleno de estiércol, aquel famoso Barreiros, de matrícula GC. 48.222. En una ocasión, toda la barriada se llevó un gran susto, cuando cayó al estanque un vehículo, creyendo todos erróneamente que iba dentro. También se me representa en un furgón, tan lleno de pasto para el ganado que casi no podía ver a través del parabrisas. Como reitero, es un gran exponente del trabajador de La Montaña. No creo exagerar cuando afirmo que bien merece la condecoración que, al día de hoy, sólo ostenta en nuestra ciudad otro Teodoro, en este caso del Pino Jiménez, profesional de la madera: la medalla de plata al mérito en el trabajo.

Me gustaría seguir hablando y citar a muchísimas personas más, que también lo merecen, pero otros que me han precedido ya lo habrán hecho, con toda certeza. Opino también que un pregón no debe ser algo exhaustivo. Sólo quiero –y espero conseguirlo- añadir alguna que otra puntualización a los trabajos ya realizados.

Pero no me resisto a nombrar a los poetas de la barriada, a los que, sin pretenderlo, he ido descubriendo con mis entrevistas a nuestros mayores para una investigación que preparo. He conocido un hermoso trabajo, debido a la iniciativa de los profesores de los Centros de Adultos galdenses. Quiero repetir una bonita frase recogida en el mismo: Cuando una persona mayor muere, arde una biblioteca. Una persona, un libro; todos ustedes, la mejor biblioteca del mundo.

En Cañada Honda, por ahora he podido admirar a Pinito Santana Molina, que ya tiene una obra compuesta, que confío en ver pronto publicada. Junto a ella también escriben Marianita López García, María Luisa Santana, Laudelina Monzón y Venancio Guerra Sosa.

Entre mis grabaciones se encuentra la recogida a Marianita, que, con sus ochenta y cuatro años, recita una cantidad considerable de oraciones. Voy a hacerles partícipes de una de ellas, que habla de algo que aún permanece en la retina de muchos de nosotros: me refiero a la visita del cura a los enfermos, para la que recuerdo que se usaba frecuentemente el coche de Isidorito. La memoria de Marianita, que alcanza mucho más atrás, ve llegar a pie al sacerdote, vestido de blanco. A su paso, y con el repicar de una campanilla, la gente, arrodillada en el suelo, rezaba:

Ahí viene el Verbo Divino

vestido de carne humana

a visitar a un enfermo

que está malito en la cama

Dios le dé su mejoría

la salvación en el alma

a mí también me la dé

cuando de este mundo me vaya

Escuchemos ahora unos versos de Venancio, muy apropiados para las fiestas que celebramos:

Santa Teresa de Jesús

madre de Cañada Honda

todos los años te sacamos

de tu cuevita redonda

Tengo muy presente esta noche a Venancio, que fue directivo de esta Asociación y uno de los constructores de la cueva. A causa de la cruz que Dios le ha dado y que con tanta dignidad y orgullo lleva, está retirado en su casa. Ojalá el destino le de una bonita sorpresa y pueda estar nuevamente con su mujer, Olga Molina Moreno, en medio de todos nosotros.

Estamos acostumbrados a oír hablar en tono despectivo de nuestras suegras. Escuchemos, pues, lo que Venancio dedica a la suya, y que yo también aprovecho para ofrecerlo a la mía:

Yo quiero mucho a mi suegra

poco menos que a mi madre

porque yo tengo en mi casa

un espejo con qué mirarme

Desde este momento, me darán la razón los que me han oído reclamar un encuentro poético que se celebraría anualmente, en el marco de las fiestas de San Sebastián, en el Paseo de Bartolito el del Molino ¿Se imaginan a nuestros mayores dándonos a conocer sus venturas y desventuras a través de sus romances? ¡Sería precioso! Por ello, sigo insistiendo ante la Concejalía de Cultura, a fin de que nadie se nos anticipe en esta iniciativa.

No puedo acabar, sin antes pregonar en síntesis el amplio programa que, con mucha ilusión, ha confeccionado esta Asociación, para que sea oído a través de los medios informativos, escritos y hablados; para que me escuchen todos: que Cañada Honda, como todos los años por estas fechas, se pone sus mejores galas, para recibir a propios y extraños, porque para todos son las fiestas. Acudamos a cada uno de los actos programados. Es la mejor ocasión para vernos de nuevo, para charlar de nuestras familias, de cómo van los estudios de nuestros hijos, de quiénes se han casado, de qué nuevos vecinos tiene la barriada. No sólo participemos con nuestra presencia, sino que nos ofrezcamos para todo aquello en lo que podamos colaborar. Porque la fiesta no es únicamente de quien la organiza: es de todos. Disfrutemos con ella.

Santa Teresa de Jesús nos agradecerá su procesión del día principal. Acompañémosla con fe y con devoción. Con la misma fe de aquellos vecinos que encargaron a nuestro insigne escultor Borges Linares su imagen, que hoy brilla en la gruta de una de nuestras pedreras. Todos anhelamos que en los planes municipales se incluya una cubierta bastante amplia como para albergar a tantos y tantos feligreses que cada año se acercan a ella, y que Cañada Honda cuente, como una barrio más, con su correspondiente ermita, en armonía, por supuesto, con las especiales características de su entorno. Me la imagino con una gran cubierta apoyada en pilares al descubierto, y tallados, al igual que los asientos en cantería galdense.

La Asociación, que hoy disfruta de unos enormes y preciosos salones, tuvo que recorrer una verdadera peregrinación de siete estaciones antes de llegar aquí. Entiendo, por ello que constantemente hemos de recordar a los que confiaron en los primeros promotores, para ceder sus humildes locales: Isidro Godoy, Pablito Monzón, Juan Montesdeeoca, Clemente Pulido, Genoveva Pérez y Eulogio Santana. No perdemos la esperanza de ver, con el tiempo, junto a la placita actual un gran espacio que ocupará la totalidad de la pedrera y que servirá de esparcimiento para toda la barriada. Ya se ha procedido así con la de Pedro Maitola, donde hoy se emplaza el Polideportivo y el Terrero de Luchas de La Montaña; con la de Juan Daniel Mendoza, convertida en un aparcamiento; o con la de José Mederos, en la que disponemos del Campo de Fútbol de Cañada Honda, que lleva el nombre de Sebastián Tacoronte Rodríguez.

Ante todos estos proyectos, hay un hecho que quiero resaltar. Cuando hablamos de Cañada Honda, siempre se nos escapa la expresión de “Allá-tras, en los rolizos”. Poco a poco, esta expresión tiende a desaparecer, no sólo por la integración que se va produciendo con la amplitud de las calles y la fabricación de viviendas que acercan al casco, sino por las nuevas numeraciones de sus viviendas. Permítanme que recurra a un símbolo. Todos sabemos que el cifrado de las calles siempre se ha desarrollado a partir del edificio del Ayuntamiento. Actualmente, quien representa al municipio, su dignísimo Alcalde, don Teodoro Sosa, ha fijado su residencia en el lugar de sus raíces, en Cañada Honda. La numeración, a partir de ahora, comenzará desde Cañada Honda hacia el resto de la ciudad. Por supuesto, se trata de una broma. Pero no es cosa de burla recordar que Cañada Honda, desde sus orígenes, ha desempeñado una función de gran importancia en la economía de Gáldar, por medio de la caña de azúcar, la pesca y la cantería de sus pedreras, aprovechadas estas últimas como estanques de agua que riegan las grandes extensiones de platanares.

También se ha destacado Cañada Honda por el compromiso social y político de sus gentes. Una prueba es este hermoso salón que hoy disfrutamos, así como la presencia de varios vecinos y vecinas en las tareas públicas de nuestra ciudad, como concejales: Roberto Suárez Melián, Domingo Díaz Cordero, Genoveva Pérez Moreno y su hija Yolanda Pérez Pérez, María Teresa Sosa Martín y Francisco Sosa Gil. De seguir el proceso, los que vamos a estar “alla-trás” son los que no vivimos en Cañada Honda.

Es peculiar, igualmente del barrio la originalidad de sus actos festivos. Entre ellos, el “Maratón Popular”, que, desde 1985 y durante unos siete años, dirigió uno de los primeros secretarios de la Asociación, Jaime González Rodríguez. A las nueve de la mañana, los participantes, en número a veces llegaba a sesenta, partían desde el local vecinal hasta La Atalaya de Guía, y regresaban al punto de partida. Se repartían interesantes premios para hombres y mujeres en cada una de las tres categorías: menores de dieciséis años, de dieciséis a treinta y mayores de treinta. No sólo del maratón se encargaba Jaime: lo veíamos también “altavoz en ristre” anunciando las verbenas y todos los actos organizados. Se trata de una persona volcada desde siempre en las actividades socioculturales. Una persona que no debemos desaprovechar. Por eso, lo único que se me ocurre decirle a Jaime, inspirándome en la propaganda del turrón navideño es: “Vuelve a casa, Jaime, vuelve y pon en marcha nuevamente tus famosos maratones”.

Esta Cañada, que por estas fechas está a la “punta-lante” de Gáldar, está en fiestas. Por ello yo les invito a los que hoy están presentes en esta sala y a los que me escuchan a través de los medios de información, que no dejen de acercarse algunos de los días que quedan hasta el final. Como les comenté, comenzaron los actos el pasado día 31 de mayo, con la izada de las banderas. Desde ese día, está abierta una preciosa exposición de fotografía que recoge, de manera fehaciente, la historia de La Montaña, con sus pagos de Palma de Rojas y Cañada Honda. Desde el día 6 de junio, contamos con nuestra Reina de las Fiestas y sus Damas de Honor, que hoy han sido coronadas y que me arropan en esta disertación: Cataysa Pérez Jiménez, Rosalía Quintana Gutiérrez y Ariana Hernández Santana. Hemos celebrado escalas en hi-fi infantil y de adultos, karaoke, campeonatos de subastado y de parchís, actividades para niños, representaciones teatrales, exhibiciones de ballet. Pero todavía quedan actos importantes. Mañana, sábado, día 21, a partir de las siete de la tarde, nos encontraremos todos en un asadero popular, que contará con la actuación de siete grupos folclóricos, y que solamente se interrumpirá sobre la una de la mañana del domingo, para disfrutar de la exhibición pirotécnica que se ha encargado a la empresa “San Miguel” de Valsequillo.

El domingo, día 22 de junio, será el dedicado a nuestra patrona, Santa Teresa de Jesús, aunque generalmente se la conmemora el 15 de octubre, coincidiendo con el día de su sepelio en el año 1582 contando 67 años. Se dice que la Santa enterrada en un día que no aparece en el calendario, al fallecer el día 4 y ser enterrada al siguiente, fecha trastocada debido a la reforma del calendario decretada por el papa Gregorio XIII, para corregir un error que venía arrastrándose desde muchos años. Se dice que la Santa de Ávila había pronosticado este cambio, y reflejándolo en sus versos:

Vivo sin vivir en mí,

y de tal manera espero

que muero porque no muero.

Cañada Honda, respetando las fiestas de otros barrios, que las comienzan con anterioridad, las celebra siempre el tercer domingo del mes de junio, aunque este año, por ser bisiesto, quedaron trasladadas al cuarto.

Agradezco a Antonia González que me haya hecho llegar una preciosa publicación: La Vida de Santa Teresa del P. Crisógeno, que ya va por la duodécima edición, y que recomiendo a todos los que me escuchan. Antonia se preguntaba en su pregón del 2005: “¿Quién no conoce a Santa Teresa de Jesús? “ Daba por hecho que todos la conocíamos. Aunque la conozcamos, Antonia, se nos olvidan muchas cosas de ella, especialmente que, el 27 de septiembre de 1970, fue proclamada primera doctora de la Iglesia, y que, al trascender su obra literaria el tiempo y el espacio, cinco años antes, en 1970, fue declarada patrona de los escritores españoles. Mira por dónde, y permítanme el atrevimiento, es mi patrona, y yo no lo sabía. Se dice de la Santa que su espíritu y su imaginación estaban cargadas de luz y de fuego, que le salían fulgurantes por la pluma.

Como cierre quiero traer aquí una de sus más preciosas enseñanzas: la que se refiere a la sencillez del alma, que nos lleva a hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días, y tener detalles de amor con los que nos rodean. La grandeza de la Santa se nos muestra cuando decía: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.

La ponderación de sus restantes y numerosas virtudes quiero reservarla para nuestro reverendo párroco don Vito Ondó Motoso, puesto que el próximo domingo día 22, a partir de las doce horas, nos reuniremos aquí, en la explanada de la pedrera, donde está ubicada la hornacina de nuestra patrona. Se oficiará la Santa Misa y, a su finalización, iremos todos en procesión acompañando a Santa Teresa por las calles de nuestra barriada, demostrando así que no nos avergonzamos de manifestar al mundo nuestra fe cristiana, como así lo hiciera ella. Allí debemos estar todos. Pero antes, quisiera que conmigo le digamos a la Santa, con gran alegría: ¡Viva Santa Teresa de Jesús! Muchas gracias, y hasta el domingo si Dios quiere.

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25 Junio 2008

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE CAÑADA HONDA (I)

Por: ANGEL RUIZ QUESADA

Su Majestad Reina de las Fiestas, Ilustrísimo Señor Alcalde, Señoras y Señores Concejales del Excelentísimo Ayuntamiento de Gáldar, Señor Presidente y Junta Directiva de esta Asociación, Socios en general, familiares y amigos:

Nuestros mayores nos recuerdan en muchas ocasiones que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Por ello, y antes de comenzar, quiero agradecer sinceramente a esta Asociación de Vecinos, la honrosa invitación que me ha hecho: la de ser su pregonero en estas fiestas, que comenzaron el pasado 31 de mayo con la izada de banderas en esta sede.

Entre ellas, este año se ha expuesto por primera vez la propia de la Asociación, un hermoso anagrama ideado y diseñado por el actual presidente Juan Agustín López García. Posteriormente, Juan Santana Delgado captó la idea, y sus manos de artista realizaron, en acrílico sobre madera, el escudo representativo de la Entidad. Entre los dos han conseguido que todos los utensilios de nuestros pedreros queden inmortalizados: pico, sacho, balde, cacharrillo, cuña, marrón, barra, escoda y regla de medir. Y además, dos cuervos. Ningunos de los de La Montaña olvidaremos aquellos “Cuac…cuac”. Recordarán cómo nuestros mayores los relacionaban con “avisos de lluvia”, o incluso “avisos de muerte”; indudablemente por ello les calificamos de pájaros de mal agüero. Los colores que escogió Juan fueron el marrón y el beis, los de nuestra cantería. Todo ello bajo la corona de nuestro Rey, Fernando Guanarteme.

Entiendo que mi nombramiento habrá supuesto para algunos una sorpresa, puesto que estas decisiones siempre corresponden a la Junta Directiva a propuesta de alguno de sus miembros. Cuando le pregunté al presidente quién me había propuesto, me respondió: “¿Que quieres que te diga, Ángel? Cuando pensábamos en la elección, lo sugerí a Pinito. Ella me apoyó sin dejarme terminar. Luego lo propuse al resto de la Junta, y todos coincidimos en lo mismo: tú eres el que lo mereces, ya que siempre nos has ayudado en todo lo que has podido donde quiera que estuvieras”.

Por eso estoy aquí, y quiero agradecerlo a quienes representan a esta Asociación: a su presidente, Juan Agustín López García; al secretario, Eugenio Jordán Rodríguez; a la vicepresidenta, Josefa Montesdeoca Ramos; a la tesorera, Lucía Santana Sosa y a los vocales, Dolores García Betancor, Dionisio García Montesdeoca, Gregorio Jiménez Molina, Francisco Martel Corujo, José Moreno Cabrera, Candelaria Pulido Medina, María del Pino Ríos Quintana, Pino Santana Molina, Alejandro Santana Pérez y Francisco Vega Melián.

De todos es sabido que los pregones se han convertido en el más fiel reflejo de la historia de los pueblos. Cañada Honda está creando la suya y por eso han pasado por esta tribuna, de acuerdo con los datos que han llegado a mi poder, unas diecinueve personas. Es decir que soy el vigésimo pregonero. No obstante, quiero advertir que, en los primeros años no se hicieron programas de los festejos. Por ello, si alguno de mis antecesores no figura en la relación que voy a citar, ruego que se comunique tal circunstancia a la Asociación; en caso contrario, podremos dar por definitivos estos datos.

Ya le he propuesto al presidente que el próximo año, dentro de los actos que se programen, figure una convocatoria general a todos los que han sido pregoneras y pregoneros, con la especial finalidad de que faciliten, para los archivos de la Asociación, los textos de sus discursos. Con el tiempo, y cuando exista en nuestra administración municipal una situación económica que lo permita, serían la fuente esencial de un libro que recoja toda la historia de esta barriada.

Por otro lado, resultaría particularmente entrañable otra convocatoria, dirigida ésta a las reinas de las fiestas.

De acuerdo con los datos disponibles, el primer pregonero de las fiestas fue mi recordado y buen amigo Roberto Suárez Melián. Coincidimos en las labores públicas de nuestro Ayuntamiento y en las culturales de nuestro municipio, ya que ambos éramos concejales y miembros del Grupo de Teatro Ajódar. Vivía justo al final de la Cañada, donde acaba la calle Santa Teresa de Jesús y se enlaza con la entrada a Caleta de Arriba. Aunque yo nací en La Montaña, donde actualmente tengo mi domicilio, en la calle Delgado número dos, también residí en las Casas Baratas de San José Artesano, es decir, al comienzo de la misma Cañada. En el número veinticinco del bloque segundo habitamos los míos y yo desde junio de 1970 hasta diciembre de 1980, poco más de diez años. Allí participamos en las fiestas que se organizaban en honor a Nuestra Señora de Fátima.

Por aquellas fechas, no existían las asociaciones vecinales de Tricornia, Caleta de Arriba y Cañada Honda. Todos éramos vecinos de La Montaña, que puede considerarse la madre de esas barriadas y sus correspondientes asociaciones.

Hasta la fecha, la mayor parte de los pregoneros han sido hijos del barrio. Aunque yo sea natural de La Montaña, con los datos expuestos permítanme que les hable también como uno más de Cañada Honda.

Después de Roberto, pregonó en 1990 Domingo Díaz Cordero. En 1991, Juan Montesdeoca Ramos. En 1992, se le encargó el texto a Genoveva Pérez Moreno, fallecida antes de poder realizarlo; fue su hija, Yolanda Pérez Pérez, a quien se menciona en el programa, la encargada de hacerlo. En 1993, nos dirigió la palabra José Antonio Quesada Ríos, del que tengo un excelente recuerdo con motivo del rodaje de su primera película La trapera (Secuencia del fuego) en El Cardonal, con la participación de los miembros de mi colectivo cultural, en el verano de 1977. Se trataba de una filmación que presentó para su licenciatura en Ciencias de la Información. José Antonio no ha querido proyectar esta película a causa de su modesta factura. Desde aquí le dirijo una petición para contar con ella en las fiestas del próximo año en su barrio.

Este pregón fue simultáneo a la llegada del nuevo párroco de La Montaña, don Juan Marrero Hernández, que relevaba a don Pedro Monzón Suárez. En l994, ocupó este estrado Mariluz López García. En 1995, Carmelina Santana Molina. En 1996, María del Carmen Betancor Jiménez. En 1997, María Delia Quesada Ríos. En 1998, Pilar de los Reyes García Rodríguez. En1999, nuevamente Juan Montesdeoca Ramos. En 2000, José Luís Tacoronte García. En 2001, Pinito Santana Molina. En 2002, la alocución escrita por Eustaquio Pérez Martín fue leída por su hija Paqui Pérez Cabrera. Llegaba, mientras tanto, otro párroco, don Carlos María Marrero Moreno. En 2003, fue el turno del “incombustible” José García Moreno; como en el diccionario concede varias definiciones a esa palabra, quiero aclarar que la que le aplico es la de persona que no se agota y muestra perseverancia en su tarea a pesar de los inconvenientes. María Teresa Sosa Martín intervino como oradora en 2004, dando la bienvenida al actual párroco, don Vito Ondó Motogo. Oímos a Antonia González Santana en 2005. En 2006, a Francisco Sosa Gil. Y por último, el pasado año, a mi cuñado Antonio Molina Martín, actual propietario del establecimiento que perteneció a mi suegro, conocido por todos como el “Molino de Bartolito”

No cabe la menor duda que todos han efectuado su aportación a la historia. Yo también quiero contribuir y por ello he confeccionado este pequeño trabajo, no sólo con todo el cariño que le tengo a mi ciudad y a sus barriadas, sino también con el rigor que merece cada una de ellas; en este caso, Cañada Honda.

Ustedes recordarán que no hace mucho, cuando pregonaba las fiestas de nuestra ciudad, hacía una mención a cada núcleo de población, a propósito lo que más me ha llamado la atención en cada uno de ellos. Cuando hablaba de este bonito rincón, decía concretamente: Cañada Honda, congregada en torno a su preciosa imagen de Santa Teresa de Jesús, ya cuenta con un gran edificio social. Desde hace muchos años, celebra durante los meses de mayo y junio numerosos actos. Sé que son muchos los vecinos que colaboran en estas fiestas, pero quisiera representarlos a todos en una mujer incansable, Pinito Santana Molina. Con su enorme entusiasmo, y sin que nadie le obligue, está todo el año gestionando todo lo que su barriada precisa.

Con toda seguridad los que me escuchan saben que no me equivocaba, porque si alguien, se lo merecía era ella. Y digo esto sin menospreciar, naturalmente, a nadie, puesto que tratándose de una asociación con mas de trescientos socios en activo, la colaboración de muchos de ellos, aunque no se destaque, es tan necesaria como la del mismo presidente, llámese éste Alfredo que fue el impulsor y ocupó casi diez años el cargo, o llámese Juan que lleva nada menos que diecinueve años al frente de la entidad. Puede también citarse a Juan Santana Delgado que, desde hace cuatro años, prepara para el barrio un belén que en nada desmerece del municipal. Entiendo -permítanme decirlo en mi argot teatral- que todos, desde el director y el primer actor hasta el acomodador, son igualmente necesarios; todos son eslabones que tienen que estar unidos, sin fallar ninguno, para que la cadena no se rompa.

Pero he de resaltar que Pinito -quien más ha contactado con mi mujer y conmigo- no se limita a esperar las fechas de las fiestas, sino que está todo el año ocupada en toda clase de gestiones para la Asociación. Cuenta con el primer carné de la Comisión de Festejos, extendido por el anterior presidente. Me ha entregado varias fotografías antiguas destinadas a mi libro Las Vueltas de mi Plaza, para el que he podido llevar a cabo numerosas entrevistas, gracias a su recomendación. Aprovecho para agradecérselo públicamente.

En una de sus visitas, me anunció, con gran entusiasmo e ilusión, que esa tarde empezarían en su entidad vecinal las clases de corte y confección impartidas por la Universidad Popular. Tenía yo entonces en mi casa una interesante publicación de Ricardo Reguera Ramírez, Las Indumentarias de Lanzarote; sin pensar si tenía la posibilidad de encontrar otro, le dije:

- Tome Pinito, aquí tiene un buen regalo.

- ¡Qué bien! Esto lo pongo en la Asociación.

- No, Pinito Esto es para usted.

- No don Ángel, Yo lo pongo en la Asociación. Y ahora mismo se lo voy a enseñar a Carmen la profesora.

- Bueno, Pinito. Usted siempre será la misma. ¡Haga lo que quiera!

Otro día, cuando le pregunté si había nacido en Cañada Honda, me indicó que llegó aquí siendo una mocita de casi quince años. No habían entonces pedreras, sino solamente tres convertidas en albercones con agua: las dos que están al final, conocidas por “las de los Suárez” y la que está empezando el camino, “la de los Guedes”. Su venida se debió su tío Juan Molina Aguiar, conocido por “Juan el Brígido”, siendo un jovencito solía acudir con varios amigos a estos andurriales a echar a volar las cometas. Tanto le gustaron la tranquilidad y las hermosas vistas, que compró un solar y fabricó su casa. A esta casa llegó a vivir Pinito en torno al año 1950.

Este relato me ha llevado a reflexionar sobre el gran interés que despertaría la organización de un concurso de cometas en el marco de las fiestas del barrio, cuyo nombre evocaría la memoria de Juan Molina Aguiar. Como sucede en las Fallas de Valencia, la obra ganadora pasaría a engrosar una exposición. Una promoción adecuada serviría para atraer muchos participantes. Antiguamente, para fabricar las artesanías voladoras, solo contábamos con cañas, “hilocarreto”, papel y pieles de papas o plátanos como adhesivos. Hoy, afortunadamente, podemos permitirnos comprar pilas y bombillos, ante la posibilidad de vuelos nocturnos. Sería maravilloso ver las luces en el cielo, confundidas con la de las estrellas. Ya le he planteado esta idea a un vecino y conocido “cometero”, Manuel González Díaz, que está dispuesto a colaborar para ponerla en práctica.

Además, estoy seguro de que coincidirán conmigo en que Pinito en persona merece un debido reconocimiento, ya que ella representa dignamente a todos esos que, como referí antes, permanecen en el anonimato, porque tiene un “déjame entrar” ante el que nadie se atreve a negar nada. Por eso pregunto: ¿A qué se está esperando para rendirle un justo homenaje oficial? A título meramente personal, estimo que la bajada que tenemos a la entrada de este salón podría denominarse “Bajada de Pinito” y que una placa en el jardín daría fe de su entrega a esta barriada, tal como se procedió con Enriquito el Yerbero y con Bartolito el del Molino. Hágase lo que se haga, aprovechemos que todavía está entre nosotros.

Y si de reconocimientos hablo, ¿como es que todavía no se ha acometido el que corresponde a esta Asociación? A veces, han sido las propias asociaciones las que se han autorreconocido. Sucedió así con la colocación en esta sede de una placa con motivo del vigésimo quinto aniversario de la entidad, en la que se cita a distintas instituciones. Sin embargo, no tengo noticias, de que alguna administración, llámese regional, insular o local haya mostrado una justa deferencia. Creo que aún estamos a tiempo. Como puede verse, en tan solo veintisiete años, los vecinos de esta Cañada han pasado a disfrutar de un espacioso local, dotado de un magnífico mirador acristalado, inspirado en los de César Manrique. Nuestra corporación municipal, acertadamente, ha comenzado este año a otorgar distinciones en este sentido; la primera ha ido, con justicia a Barrial. Esperemos que una de las próximas venga a Cañada Honda.

Aquí tiene su sede la escuela de adultos, se imparten clases de apoyo, de informática, de ocio y tiempo libre y de ayuda a la familia; se han realizado cursos de cocina, y actualmente, como ya hemos dicho, se imparte uno de corte y confección.

Es particularmente triste, que a estas alturas, se deba seguir recurriendo a los juegos de azar para afrontar los gastos que conllevan las actividades vecinales, corriendo grandes riesgos ante las autoridades. ¿Es que no hay otra solución? Entiendo que las instituciones no deben limitarse a colaborar cuando llegan las fiestas, con detalles puntuales. Como acostumbra a decirse de los grupos folclóricos, no solo hay que pensar en el coste de las actuaciones, sino que ha de considerarse que, durante todo el año, se requiere el mantenimiento de los instrumentos y la disposición de un local social. La mayor parte de los que nos dedicamos a la cultura, invertimos en ella nuestro tiempo de ocio, sin esperar remuneración alguna. Lo hacemos porque nos gusta, y especialmente porque queremos dar a los que nos siguen algo mejor de los que hemos recibido. De este modo, la mayor parte de las sedes de los colectivos culturales de nuestra ciudad están instaladas en domicilios particulares. Hago constar que no persigo el objetivo de que se retiren tales juegos, sino que se practiquen en las asociaciones precisamente como juegos, no como obligaciones. Es fácil ver a algunos presidentes cantando los números, como si de un bingo se tratara, porque no queda más remedio. La consecuencia es la desmoralización, al impedir estos menesteres que se dedique tiempo a los propios asociados, organizando actos socioculturales, que es el objetivo principal para lo que se crearon estas entidades.

Recuerdo a este respecto la conversación que sostuve con el anterior presidente, Alfredo Pérez Moreno. Perdió su puesto por falta solamente de tres votos: el de su mujer, Pura Pérez Diepa; el de Alfredo, su hijo y el de su hija María Dolores. Me imagino la decepción recibida ese día, pero también la alegría soterrada de su familia: lo habían recuperado. Me atrevería a decir que fue María Dolores, conocida de toda la vecindad, quien más lo agradeció, pues desde entonces, volvió a disfrutar no solo de su madre y de su hermano sino también de su padre, en cuya compañía acostumbramos a verla sentada en cualquier banco de la plaza, Su actitud pacífica y cariñosa durante el buen rato que pasé en su casa me impresionó bastante, así que desde aquí ¡muchas gracias, Maria Dolores!

Esto nos debería llevar a reflexionar, para la búsqueda de la mejor solución, y que al actual presidente, Juan Agustín López García no le pase factura su familia. Juan no sólo se ha entregado durante diecinueve años a la vecindad, sino que, por su cargo, ha visto peligrar en más de una ocasión su puesto de trabajo, porque es sabido que únicamente ciertos presidentes (hoy, afortunadamente, bastantes) pueden obrar con plena libertad en aquellas cuestiones que contrarían al grupo municipal gobernante. Desgraciadamente, aún tenemos que oírles decir: “Yo no soy de ningún partido político, yo me debo a todos”. Creo que nuestros gobernantes deben dejarles claro que contarán con su confianza para colaborar en cualquier asunto, con independencia de su libertad para pertenecer a un partido u otro.

También se les debe ayudar para que en ningún momento sus familias se vean en la situación de la de Alfredo, tenemos que lograr que la mujer de Juan, Eduvigis Guedes González, y sus cuatro hijas -Eduvigis, Juana Teresa, Mari Cruz y Yurena- no sólo le animen, sino que le ayuden, como ya le ayudó Mari Cruz en la secretaría.

Quisiera hacer una llamada de atención para decir que no son los presidentes los únicos que terminan consumiéndose en la entrega. Me atrevería a decir que otro tanto ocurre, en mayor grado, con las secretarias y secretarios. Por esta Asociación ya han pasado trece ocho mujeres y cinco hombres. La figura del Secretario es tan importante como la de los propios presidentes, pues de ellas y ellos depende la recogida de todas las opiniones que, ante cualquier asunto, manifiesten los miembros de la Junta Directiva o la Asamblea de Socios, dando fe de las mismas en las actas de modo comprensible. Y las actas son los instrumentos necesarios para la mayor parte de los investigadores ya que en las mismas está recogido el reflejo más fiel de la historia de cualquier institución, pública o privada. Por todo ello, debo enumerar sus nombres: Gema Moreno Hernández, Jaime González Rodríguez, Mari Carmen Betancor Jiménez, Paulino Quesada Ríos, José Luís Bolaños Reyes, Mari Delia Quesada Ríos, Conchy García López, Mari Cruz López Guedes, Claudia González Calcines, Francisca Gutiérrez, Heriberto Peña Jorge, Alejandro Santana Pérez y el actual Eugenio Jordán Rodríguez.

Pero aquí no hemos venido para enunciar problemas, aunque no está de más que de pasada recordemos algunos. Hoy estamos aquí para pregonar las fiestas que en honor a Santa Teresa de Jesús, con enorme ilusión, ha preparado la comisión que se ha elegido al efecto, y que no es otra que la propia directiva de la Asociación. Se busca, sobre todo, que toda la vecindad de esta Cañada, que por cierto es la más honda que tiene nuestra montaña, haya hecho un parón en sus quehaceres, o al menos éstos queden amenizados durante casi dos meses por buena música y por buenos actos culturales, en una palabra, por una buena fiesta. Siempre se puede buscar un poco de tiempo para participar, ya que se ha confeccionado un amplio abanico de posibilidades en las horas más asequibles a todos. Y si alguna que otra mañana, debido a la asistencia a un acto el día anterior, se nos hace pesado el levantarnos, ya habrá hora de que podamos recuperarnos, porque “lo que se hace solo una vez al año no hace daño”.

Pero antes de extenderme en hablarles de los actos que se celebrarán, y haciendo honor a lo que dije al principio en relación a los pregones, quisiera exponerles mi humilde aportación a tantos y tantos trabajos preciosos que se han leído aquí.

Decía antes que esta Cañada es la más honda de La Montaña, refiriéndome naturalmente a nuestro Municipio, pues quizás tenga parecidas dimensiones la de Matas Blancas, nuestra vecina de la Atalaya de Guía. Una y otra acaban en el mar, en forma de laderas con grandes llanuras. Tal vez éste fue el motivo que llevó a José Zacarías Batllori y Lorenzo a publicar, en 1898, aquel interesante artículo que forma parte de nuestra historia Batalla de Ajódar y Conquista de Gáldar. Con toda seguridad, por aquí rodó el cuerpo de Miguel de Mújica cuando, después de desembarcar en la Caleta de Arriba, se dispuso a acometer a los canarios que se habían atrincherado en nuestra montaña, conocida en aquel entonces como Monte Ajódar. Aunque algunos amigos me insistan en que se trata de una historia idealizada, yo sigo convencido de que Ajódar es esta montaña. En una reciente charla a la que asistí en La Escuela de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en Gáldar, el doctor en Historia Moderna don Pedro Quintana disertó sobre Los ingenios azucareros y su impacto en el medio ambiente a partir del siglo XVI, afirmando que la madera utilizada para los pilares y canales de los ingenios de Guía y Agaete se extraía de los alrededores de esta montaña. Naturalmente, se trataba en una época en la que se recibía nieve por el día y bruma helada por la noche. El artículo dice así: con sus soldados y ballesteros y con un valor que le cegó, trepó por la pendiente de la montaña; y como a la primera trinchera hecha en la gruta que llaman Diego Herrera, donde ardían inmensas hogueras no encontrase a nadie, pasó atrevido con los suyos el segundo parapeto, pero al asaltar el tercero, salieron los galdarenses dando grandes gritos y silbidos y con el arrojo y fuego de su sangre comenzaron a arrojar sobre los españoles afilados pedernales y balas de piedra que salían de sus hondas como bala mortífera, grandes troncos de árboles, piedras y moles de tierra desprendidas del risco, que al rodar con gran velocidad, convirtieron las faldas del monte en horrible carnicería corriendo por sus flancos verdaderos arroyos de sangre.

Quizás por este motivo, los vecinos de esta Asociación tomaron la feliz iniciativa de recurrir a al patronato de Santa Teresa de Jesús. Así se justifica que todos los años, junto a Nuestra Señora de Fátima en La Montaña y Nuestra Señora del Mar en Caleta de Arriba, estas laderas que vieron correr aquellos arroyos de sangre, sean impregnadas por el agua bendita que se derrama en ellas y por el sagrado incienso, durante las procesiones que se celebran en los meses de junio, agosto y octubre de cada año en las que cientos de fieles ruegan a Dios por las almas de los caídos, hermanos nuestros unos y otros.

Desde el mes de agosto de 1980 se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Mar, realizada en polvo de mármol y pasta de papel, en Caleta de Arriba, bellamente entronizada en una barca obra del vecino de esta barriada Salvador Martel Pérez, “Salvadorito” También se encuentra en una hornacina labrada por nuestros canteros en los acantilados junto al mar, desde allí vela pacientemente por todos los pescadores de esta Cañada: Juan Daniel Ortega, con sus hijos Manuel, Domingo, Marcelo, Santiago, Juan y Estéban; Rafael Macías y Lorenza, con sus hijos Domingo, Santiago, Juan, Antonio, Lorenzo, Pepe y Candelaria; Carmelita Montesdeoca, Santiago y Paca.

Tres años más tarde, en 1983, llegaba la imagen de Santa Teresa a Cañada Honda. Al igual que la de Caleta es del autor Juan Borges Linares, y se encuentra bellamente esculpida en un tronco de eucalipto rojo de ciento treinta kilos. Creo recordar que Antonio Sosa Perdomo, fue quien la trasladó hasta la Iglesia de La Montaña para recibir la bendición. Fue apadrinada por don Damián Martín y su señora. Quien guarda un recuerdo marcado de este día es Juan José Montesdeoca Suárez, al que un volador mal prendido le dejó sin parte de un dedo; seguro que cada vez que se santigua, recuerda esa ocasión. También aquí nuestros canteros le cavaron la correspondiente cueva en los gruesos muros de una cantera.

Pero si nuestros canteros están unidos a estas dos imágenes, más vinculación aún tienen con la de la patrona de las dos barriadas de La Montaña, Nuestra Señora de Fátima, que nos acompaña desde el año 1953 y que también costó lo suyo que pudiera tener para su propia iglesia. El amigo Isidro Pérez Guillén, uno de los primeros organizadores de las fiestas, me recordaba que los cantos para construirla los sacaron de la pedrera de Los Aguilares. Habían cinco cuadrillas, y don Francisco Hernández Benítez, el cura de la ciudad, comprometía a todos ellas a aportar diecisiete cantos cada una, semanalmente, para la iglesia. Ahora esta imagen permanece relegada en un rincón de su sacristía. Desde esta tribuna, vuelvo a hacer una llamada a quien corresponda. Ojala las casi dos mil firmas recogidas sean capitaneadas con valentía por el nuevo párroco don Vito, a fin de que la verdadera figura de Nuestra Señora de Fátima vuelva al sitio que le corresponde. Reconozco que estas cosas ponen a más de uno incómodo, pero soy de las personas que piensan los asuntos se han exponer a la cara, sin escondernos detrás de nada o nadie, entendiendo que ésta es la correcta postura de un buen cristiano.

El tiempo ha pasado. Este gran espacio reunía, no hace muchos años, enormes canteras donde nuestros padres se ganaban el sustento. Aún permanecen en nuestras retinas aquellos forzudos hombres con camisas de muselina de mangas cortadas a la altura del hombro, y con pañuelos de puntas anudadas a la cabeza que les servían de sombreros para atajar el calor. También permanecen en nuestros oídos aquellos profundos “quejidos” que se cruzaban entre los obreros de las distintas canteras, incluso hasta de noche a la luz de faroles o quinqueles, coincidiendo con los golpes del marrón: “Jum… jum… jum…” ¿Recuerdan? A muchos nos retumbaban con dolor en el pecho.


Las Pedreras eran conocidas en ocasiones con nombres fantásticos, extraídos de títulos de películas de la época: El Infierno Verde. La Isla Perdida. Así mueren los valientes. Otras veces, con nombres de los propios dueños: Agustín López, Antonio el Obrero, Bernardino Reyes, Juan García, Juan Daniel Mendoza, Juan Ramos, José Delgado, Lorenzo Pérez Marrero, los Cardona, los Molina, Pedro García, Pedro Hidalgo, Perico el de Cipriano y Ramón Aguilar,

Muchas eran las familias que se dedicaban a esta profesión. Me atrevo a decir que casi todas las de La Montaña. Y con la seguridad de dejar muchos nombres sin mencionar, no por propia voluntad sino por falta de datos, quiero que se acepte la relación que sigue como libro abierto, para que los que no sean citados se incluyan sin reparo, a fin de que cuenten con el justo reconocimiento. He elaborado esta lista a partir de las informaciones recibidas de los propios canteros y de dos interesantes trabajos: Los Canteros, de J. Enrique Ruiz Moreno, profesor del Aula de Adultos de Cañada Honda y Juan, Cristóbal, Pepe y Camilo, Herreros” de Juan Eugenio García del Pino. Fueron canteros: Agustín López Perdomo, con sus hijos Juan, Antonio y José López García; Antonio Díaz, junto a sus hijos: Antonio, Juan, Lorenzo y Tito; Antonio Monzón, Alfredo Pérez, Bartolo Bolaños Bolaños, Constantino Arbelo, Domingo Pérez Morales, Domingo Rodríguez Ferreras; Esteban Álamo y sus hijos Esteban, Antonio y Gregorio; Esteban Martín Vega, Francisco García Suárez, Francisco Monzón Mederos, Francisco y Antonio Tacoronte González, Isidro Mederos Mederos; Isidro Pérez Perdomo, además de sus hijos, José, Cristóbal, Andrés. Isidro, Antonio y Pepe Luis Pérez Guillén. Me recuerda este último, que él solo, provisto de pico, sacho y balde, hizo un túnel de unos treinta metros, para colocar la bomba de agua en el futuro estanque. Prosigo la enumeración con José Tacoronte y su hijo Manuel, Juan Gutiérrez Padrón, Juan Ramos Mendoza, José Castillo, José Pérez Diepa, José Mendoza García, Isidro Mederos, Luis Mederos, Manolo Quesada Alonso; Marcos, Eugenio y Manuel Rodríguez González; Pedro García Suárez, Pedro García Reyes, Pedro González, Pedro Sosa Reyes, Ramón Benítez Orihuela con sus hermanos Manuel y Juan, Ramón Benítez Vega, Ramón Pérez Pérez, Vicente Luján, etc.

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